DE CONIURATIONE CATILINAE
ACERCA DE LA CONJURACIÓN DE CATILINA

I
(1) Omnes homines, qui sese student praestare ceteris animalibus, summa ope niti decet ne uitam silentio transeant ueluti pecora, quae natura prona atque uentri oboedientia finxit. (2) Sed nostra omnis uis in animo et corpore sita est: animi imperio, corporis seruitio magis utimur; alterum nobis cum dis, alterum cum beluis commune est. (3) Quo mihi rectius esse uidetur ingeni quam uirium opibus gloriam quaerere, et, quoniam uita ipsa, qua fruimur, breuis est. memoriam nostri quam maxime longam efficere. (4) Nam diuitiarum et formae gloria fluxa atque fragilis est; uirtus clara aeternaque habetur. (5) Sed diu magnum inter mortales certamen fuit, uine corporis an uirtute animi res militaris magis procederet. (6) Nam et prius quam incipias, consulto et, ubi consulueris, mature facto opus est. (7) Ita, utrumque per se indigens, alterum alterius auxilio eget.
I
(1) Es conveniente que todos los hombres, que se afanan en aventajar a los demás animales, se esfuercen con todo su poder por impedir que pasen su vida en silencio como los rebaños, que la naturaleza formó inclinados hacia el suelo y obedientes al vientre.(2) Por el contrario, toda nuestra fuerza fue situada en el espíritu y en el cuerpo: nos servimos más del poder del espíritu, de la esclavitud del cuerpo; uno nos es común con los dioses, el otro con las bestias.(3) Por esto me parece que es más recto buscar la gloria con los recursos de la inteligencia que con los de las fuerzas, y, puesto que la vida que gozamos es breve, obtener como resultado un recuerdo de nosotros lo más largo posible.(4) Pues la gloria de las riquezas y de la belleza es efímera y frágil; la virtud se mantiene distinguida y eterna.(5) Con todo, largo tiempo hubo entre los mortales una gran disputa, sobre si por la fuerza del cuerpo o el valor del espíritu el asunto militar avanzaría más.(6) Pues antes de que empieces, hay necesidad de consultar y, cuando has consultado, de hacerlo rápidamente.(7) Así, siendo incompletas ambas cosas por sí, una tiene necesidad de la otra.


II
(1) Igitur, initio reges (nam in terris nomen imperi id primum fuit) diuersi, pars ingenium, alii corpus exercebant: etiam tum uita hominum sine cupiditate agitabatur, sua cuique satis placebant. (2) Postea uero quam in Asia Cyrus, in Graecia Lacedaemonii et Athenienses coepere urbes atque nationes subigere, lubidinem dominandi causam belli habere, maximam gloriam in maximo imperio putare, tum demum, periculo atque negotiis compertum, in bello plurimum ingenium posse. (3) Quodsi regnum atque imperatorum animi uirtus in pace ita ut in bello ualeret, aequabilius atque constantius sese res humanae haberent, neque aliud alio ferri neque mutari ac misceri omnia cerneres. (4) Nam imperium facile eis artibus retinetur, quibus initio partum est. (5) Verum ubi pro labore desidia, pro continentia et aequitate lubido atque superbia inuasere, fortuna simul cum moribus immutatur. (6) Ita imperium semper ad optimum quemque a minus bono transfertur. (7) Quae homines arant, nauigant, aedificant, uirtuti omnia parent. (8) Sed multi mortales, dediti uentri atque somno, indocti incultique uitam sicuti peregrinantes transiere: quibus profecto contra naturam corpus uoluptati, anima oneri, fuit. Eorum ego uitam mortemque iuxta aestimo, quoniam de utraque siletur. (9) Verum enimuero is demum mihi uiuere atque frui anima uidetur, qui, aliquo negotio intentus, praeclari facinoris aut artis bonae famam quaerit. Sed in magna copia rerum aliud alii natura iter ostendit.
II
(1) Así pues, en un principio, los reyes (pues en las tierras éste fue el primer nombre del poder) cada uno por separado, una parte ejercitaba la inteligencia, otros, su cuerpo; también entonces la vida de los hombres pasaba sin deseo, a cada uno le agradaba bastante sus propias cosas.(2) Pero después de que en Asia Ciro, en Grecia los lacedemonios y los atenienses empezaron a someter ciudades y naciones, a tener el deseo de dominar como causa de guerra, a estimar la más alta gloria en el máximo poder, sólo entonces, adiestrada en el peligro y los trabajos, la inteligencia podía muchísimo en la guerra.(3) Y si el valor de espíritu de reyes y generales valiera en la paz así como en la guerra, más igualada y constantemente los asuntos humanos se mantendrían, y no verías que una cosa es llevada a otro sitio ni que todas cambian y se mezclan.(4) Pues el poder se retiene fácilmente con aquellas artes con las que surgió en un principio.(5) Pero cuando entraron la desidia en lugar del trabajo, en lugar de la continencia y la equidad el deseo y la soberbia, la fortuna cambia junto con las costumbres. (6) Así, el poder se transfiere siempre desde el menos bueno al mejor.(7) Todas las cosas que los hombres aran, navegan, edifican obedecen a la virtud.(8) Pero muchos mortales, entregados al vientre y al sueño, ignorantes e incultos pasan su vida como los que viajan: para los que ciertamente contra natura el cuerpo sirvió de placer, el alma de carga. Yo mismo estimo igualmente su vida y su muerte, porque sobre ambas se guarda silencio.(9) Pero, en verdad, realmente me parece que vive y disfruta de su alma aquél que, dedicado a algún trabajo, busca la fama de una acción preclara o arte buena. Pero en la gran abundancia de asuntos, la naturaleza muestra un camino a cada cosa.


III
(1) Pulchrum est bene facere rei publicae, etiam bene dicere haud absurdum est: uel pace uel bello clarum fieri licet; et qui fecere et qui facta aliorum scripsere, multi laudantur. (2) Ac mihi quidem, tametsi haudquaquam par gloria sequitur scriptorem et auctorem rerum, tamen imprimis arduum uidetur res gestas scribere: primum, quod facta dictis exaequanda sunt; dehinc, quia plerique, quae delicta reprehenderis, maleuolentia et inuidia dicta putant; ubi de magna uirtute atque gloria bonorum memores, quae sibi quisque facilia factu putat aequo animo accipit; supra ea, ueluti facta, pro falsis ducit. (3) Sed ego adulescentulus initio, sicuti plerique, studio ad rempublicam latus sum, ibique mihi multa aduersa fuere. Nam pro pudore, pro abstinentia, pro uirtute audacia, largitio, auaritia uigebant. (4) Quae, tametsi animus aspernabatur insolens malarum artium, tamen inter tanta uitia imbecilla aetas ambitione corrupta tenebatur: (5) ac me, cum ab reliquorum malis moribus dissentirem, nihilominus honoris cupido, eadem quae ceteros, fama atque inuidia uexabat.
III
(1) Es hermoso hacer bien a la república; también hablar bien no es absurdo: o por la paz o por la guerra se puede uno hacer célebre; no sólo quienes actuaron sino también quienes escribieron los hechos de otros son alabados mucho. (2) Y para mí ciertamente, aunque de ningún modo la gloria sigue igual al escritor y al autor de los hechos, sin embargo, me parece un asunto arduo, entre los más importantes, escribir hazañas: primero porque los hechos deben ser igualados con las palabras; luego porque la mayoría considera dichas con malevolencia y envidia las cosas que has censurado como errores; cuando hagas mención del gran valor y la gloria de los buenos, cosas que cada uno considera fáciles de hacer, las acepta con ánimo equilibrado; lo demás lo considera una ficción y lo tiene por falso. (3) Pero yo, jovencito, al principio, como la mayoría, fui arrastrado por el interés hacia la política, y allí muchas cosas me fueron adversas. Pues en lugar del pudor, en lugar de la abstinencia, en lugar del valor, florecían la audacia, el despilfarro, la avaricia. (4) Aunque mi espíritu despreciaba estas cosas, desacostumbrado a las malas artes, sin embargo, entre tan grandes vicios mi tierna edad se mantenía corrompida por la ambición; (5) y, aunque estuviera en desacuerdo con las malas costumbres de los demás, el deseo de honor, igual que a los otros, me castigaba, no menos, con la maledicencia y con la envidia.


IV
(1) Igitur, ubi animus ex multis miseriis atque periculis requieuit et mihi reliquam aetatem a re publica procul habendam decreui, non fuit consilium socordia atque desidia bonum otium contererem, neque uero agrum colundo aut uenando, seruilibus officiis intentum, aetatem agere; (2) sed a quo incepto studioque me ambitio mala detinuerat, eodem regressus statui res gestas populi Romani carptim, ut quaeque memoria digna uidebantur, perscribere; eo magis, quod mihi a spe, metu, partibus rei publicae animus liber erat. (3) Igitur, de Catilinae coniuratione quam uerissime potero paucis absoluam: (4) nam id facinus imprimis ego memorabile existimo sceleris atque periculi nouitate. (5) De cuius hominis moribus pauca prius explananda sunt, quam initium narrandi faciam.
IV
(1) Así pues, cuando mi espíritu descansó de las muchas miserias y peligros y decidí que el resto de mi vida debía tenerlo lejos de la política, no tuve la intención de perder en la apatía y desidia un buen ocio, ni, verdaderamente, de pasar la vida cultivando el campo o cazando, dedicado a oficios serviles; (2) sino que habiendo vuelto allí, a la tarea y afición de que me había separado mi mala ambición, decidí escribir con detalle las hazañas del pueblo romano por partes, según cada una me parecía digna de recuerdo; y más por esto, porque tenía un espíritu libre de esperanza, miedo, partido político. (3) Así pues, trataré en pocas palabras de la conjuración de Catilina lo más verazmente posible: (4) porque este hecho lo considero yo digno de recuerdo entre los primeros por la novedad del crimen y del peligro. De las costumbres de este hombre deben ser explicadas unas pocas cosas, antes de que dé inicio a la narración.


V
(1) L. Catilina, nobili genere natus, fuit magna ui et animi et corporis, sed ingenio malo prauoque. (2) Huic ab adulescentia bella intestina, caedes, rapinae, discordia ciuilis grata fuere, ibique iuuentutem suam exercuit. (3) Corpus patiens inediae, algoris, uigiliae supra quam cuiquam credibile est. (4) Animus audax, subdolus, uarius, cuius rei lubet simulator atque dissimulator, alieni adpetens, sui profusus, ardens in cupiditatibus: satis eloquentiae, sapientiae parum. (5) Vastus animus inmoderata, incredibilia, nimis alta semper cupiebat. (6) Hunc, post dominationem L. Sullae, lubido maxima inuaserat rei publicae capiundae, neque id, quibus modis adsequeretur, dum sibi regnum pararet, quicquam pensi habebat. (7) Agitabatur magis magisque in dies animus ferox inopia rei familiaris et conscientia scelerum, quae utraque eis artibus auxerat, quas supra memoraui. (8) Incitabant praeterea corrupti ciuitatis mores, quos pessima ac diuersa inter se mala, luxuria atque auaritia, uexabant. (9) Res ipsa hortari uidetur, quoniam de moribus ciuitatis tempus admonuit, supra repetere ac paucis instituta maiorum domi militiaeque, quomodo rem publicam habuerint quantamque reliquerint, ut paulatim immutata ex pulcherrima atque optima pessima ac flagitiosissima facta sit, disserere.
V
(1) Lucio Catilina, nacido de noble linaje, fue de gran fuerza no sólo de espíritu sino también de cuerpo, pero de carácter malo y depravado. (2) A éste, desde su adolescencia, las luchas intestinas, las matanzas, los robos, la discordia civil le fueron gratas, y allí ejercitó su juventud. (3) Cuerpo resistente al hambre, frío y vigilia más de lo que es creíble para cualquiera. (4) Espíritu audaz, pérfido, voluble, de cualquier cosa simulador y disimulador, de lo ajeno deseoso, de lo suyo disipador, ardiente en sus deseos: bastante elocuencia, sensatez poca. (5) Su vasto espíritu cosas inmoderadas, increíbles, demasiado altas siempre deseaba. (6) A éste, después de la dominación de Lucio Sila, lo había invadido un grandísimo deseo de apoderarse de la república y no tenía medida con qué medios conseguiría esto, hasta que obtuviera el reino para sí. (7) Se excitaba más y más cada día su espíritu feroz por la escasez de patrimonio y por la conciencia de sus crímenes; cosas que había agravado con las artes que recordé más arriba. (8) Además lo incitaba las costumbres corruptas de la ciudad, que agitaban males pésimos y diversos entre sí, la lujuria y la avaricia. (9) El propio hecho parece aconsejar, puesto que la ocasión nos advirtió acerca de las costumbres de la ciudad, volver atrás y en pocas palabras decir las instituciones de nuestros mayores en la paz y en la guerra, de qué modo tuvieron la república y cuán grande la dejaron para que, cambiada poco a poco, haya pasado a ser de la más hermosa y buena la más mala y e infame.


VI
(1) Vrbem Romam, sicuti ego accepi, condidere atque habuere initio Troiani, qui Aenea duce profugi, sedibus incertis, uagabantur; cumque eis Aborigines, genus hominum agreste, sine legibus, sine imperio, liberum atque solutum. (2) Hi postquam in una moenia conuenere, dispari genere, dissimili lingua, alius alio more uiuentes, incredibile memoratu est quam facile coaluerint: ita, breui, multitudo diuersa atque uaga concordia ciuitas facta erat. (3) Sed postquam res eorum ciuibus, moribus, agris aucta, satis prospera satisque pollens uidebatur, sicuti pleraque mortalium habentur, inuidia ex opulentia orta est. (4) Igitur reges populique finitimi bello temptare, pauci ex amicis auxilio esse: nam ceteri metu perculsi a periculis aberant. (5) At Romani, domi militiaeque intenti, festinare, parare, alius alium hortari, hostibus obuiam ire, libertatem, patriam parentesque armis tegere. Post, ubi pericula uirtute propulerant, sociis atque amicis auxilia portabant, magisque dandis quam accipiundis beneficiis amicitias parabant. (6) Imperium legitimum, nomen imperi regium habebant. Delecti, quibus corpus annis infirmum, ingenium sapientia ualidum erat, rei publicae consultabant: ei uel aetate uel curae similitudine patres appellabantur. (7) Post, ubi regium imperium, quod initio conseruandae libertatis atque augendae rei publicae fuerat, in superbiam dominationemque se conuertit, immutato more, annua imperia binosque imperatores sibi fecere: eo modo minime posse putabant per licentiam insolescere animum humanum.
VI
(1) La ciudad de Roma, según he oído, la fundaron y tuvieron al comienzo los troyanos, que prófugos con su jefe Eneas andaban errantes por lugares poco seguros; y, junto con ellos, los aborígenes, raza de hombres agreste, sin leyes, sin gobierno, libre e independiente. (2) Después que éstos se reunieron dentro de unas mismas murallas, de raza distinta, de lengua diferente y viviendo cada uno según su costumbre, es increíble recordar cuán fácilmente se fusionaron: así, en breve, una multitud dispersa y errante se había hecho ciudad por la concordia. (3) Pero después de que la cosa (pública) de estos aumentada en ciudadanos, en costumbres, en tierras, parecía bastante próspera y bastante poderosa, como muchas cosas de los mortales suceden, la envidia nació de esta opulencia. (4) Así pues, los reyes y los pueblos vecinos asediaban con la guerra, pocos de entre los amigos servían de ayuda: pues los restantes sacudidos por el miedo se apartaban de los peligros. (5) Pero los romanos, atentos en la paz y en la guerra, se apresuraban, se preparaban, se exhortaba uno a otro, salían al encuentro de los enemigos, protegían con las armas su libertad, su patria y sus padres. Después, cuando habían rechazado los peligros con su valor, prestaban ayudas a sus aliados y amigos y adquirían amistades más dando beneficios que recibiéndolos. (6) Tenían un poder legítimo, y el nombre real de poder. Unos elegidos, que tenían su cuerpo débil por los años, su espíritu fuerte por la sabiduría, se ocupaban de la república: éstos o por su edad o por la semejanza del cuidado eran llamados “padres”. (7) Después, cuando el poder real, que al principio había servido para conservar la libertad y aumentar la república, se convirtió en soberbia y dominación, cambiada la costumbre, hicieron para sí poderes anuales gobernantes de dos en dos: de este modo pensaban que de ningún modo podría insolentarse el espíritu humano por el abuso.


VII
(1) Sed, ea tempestate, coepere se quisque magis extollere magisque ingenium in promptu habere. (2) Nam regibus boni quam mali suspectiores sunt semperque eis aliena uirtus formidulosa est (3) Sed ciuitas incredibile memoratu est adepta libertate quantum breui creuerit: tanta cupido gloriae incesserat. (4) Iam primum iuuentus, simul ac belli patiens erat, in castris per laborem, usu, militiam discebat magisque in decoris armis et militaribus equis quam in scortis atque conuiuiis lubidinem habebant. (5) Igitur talibus uiris non labor insolitus, non locus ullus asper aut arduus erat, non armatus hostis formidulosus: uirtus omnia domuerat. (6) Sed gloriae maximum certamen inter ipsos erat; se quisque hostem ferire, murum ascendere, conspici, dum tale facinus faceret, properabat; eas diuitias, eam bonam famam magnamque nobilitatem putabant. Laudis auidi, pecuniae liberales erant; gloriam ingentem, diuitias honestas uolebant. (7) Memorarem possem quibus in locis maximas hostium copias populus Romanus parua manu fuderit, quas urbes natura munitas pugnando ceperit, ni ea res longius nos ab incepto traheret.
VII
(1) Pero en este tiempo todos empezaron a ensalzarse más y a tener su ingenio más al descubierto. (2) Pues para los reyes los buenos son más sospechosos que los malos y es temible para ellos el valor ajeno. (3) Pero es increíble de recordar cuánto creció la ciudad en poco tiempo, conseguida su libertad: tan gran deseo de gloria había entrado. (4) Ya primeramente la juventud, tan pronto como podía soportar una guerra, aprendía el oficio militar en los campamentos por el trabajo, la práctica, y tenía más placer en las brillantes armas y los caballos militares que en las mujerzuelas y las convites. (5) Así pues, para individuos de tal clase ninguna fatiga era extraordinaria, ningún terreno áspero o dificultoso, ningún enemigo armado temible: su valor lo había vencido todas las cosas. (6) Pero entre ellos existía máxima disputa por la gloria; cada uno se apresuraba a herir al enemigo, a escalar el muro, a ser visto mientras hacía tal hecho; esto consideraban riquezas, esto buen renombre y gran nobleza. Eran ávidos de alabanza, generosos de dinero; querían una gloria ingente, unas riquezas honestas. (7) Podría recordar en qué lugares el pueblo romano con una pequeña tropa echó abajo grandísimas tropas enemigas, qué ciudades, protegidas por la naturaleza, tomó luchando, si esta cosa no nos llevase demasiado lejos de nuestro propósito.


VIII
(1) Sed profecto fortuna in omni re dominatur; ea res cunctas ex lubidine magis quam ex uero celebrat obscuratque. (2) Atheniensium res gestae sicuti ego aestimo, satis amplae magnificaeque fuere, uerum aliquanto minores tamen quam fama feruntur. (3) Sed quia prouenere ibi scriptorum magna ingenia, per terrarum orbem Atheniensium facta pro maximis celebrantur. (4) Ita eorum qui fecere uirtus tanta habetur, quantum eam uerbis potuere extollere praeclara ingenia. (5) At populo Romano numquam ea copia fuit, quia prudentissimus quisque maxime negotiosus erat: ingenium nemo sine corpore exercebat; optimus quisque facere quam dicere, sua ab aliis benefacta laudari quam ipse aliorum narrare malebat.
VIII
(1) Pero realmente la fortuna domina en toda cosa; esta cosa celebra y oscurece a todas más según su capricho que según la verdad. (2) Las gestas de los atenienses, según yo estimo, fueron bastante amplias y magníficas, pero un tanto menores, sin embargo, de lo que dice por la fama. (3) Pero porque nacieron allí grandes talentos de escritores, por el orbe de las tierras los hechos de los atenienses se celebran como los más grandes. (4) Así el valor de los que obraron se tiene por tan grande como los preclaros ingenios pudieron ensalzarlo con sus palabras. (5) Pero el pueblo romano nunca tuvo esta abundancia, porque todos los más prudentes eran los más ocupados: nadie ejercitaba el ingenio sino al mismo tiempo que el cuerpo; todos los mejores preferían hacer que hablar, que sus buenas acciones fuesen alabadas por otros a narrar ellos las ajenas.


IX
(1) Igitur domi militiaeque boni mores colebantur; concordia maxima, minima auaritia erat; ius bonumque apud eos non legibus magis quam natura ualebat. (2) Iurgia, discordias, simultates cum hostibus exercebant; ciues cum ciuibus de uirtute certabant. In suppliciis deorum magnifici, domi parci, in amicos fideles erant. (3) Duabus his artibus, audacia in bello, ubi pax euenerat aequitate seque remque publicam curabat. (4) Quarum rerum ego maxima documenta haec habeo quod in bello saepius uindicatum est in eos, qui contra imperium in hostem pugnauerant quique tardius, reuocati, proelio excesserant, quam qui signa relinquere aut pulsi loco cedere ausi erant; (5) in pace uero, quod beneficiis magis quam metu imperium agitabant, et, accepta iniuria, ignoscere quam persequi malebant.
IX
(1) Así pues, en la paz y en la guerra se cultivaban las buenas costumbres; la concordia era máxima, mínima la avaricia; el derecho y el bien tenían valor entre ellos no por las leyes más que por su naturaleza. (2) Tenían riñas discordias, malas relaciones con los enemigos; los ciudadanos competían en valor con los ciudadanos. Eran magníficos en los sacrificios a los dioses, parcos en casa, fieles hacia los amigos. (3)Con estas dos artes, la audacia en la guerra y, cuando había venido la paz, la equidad, se cuidaban a sí mismos y a la república. (4) De estas cosas yo tengo estos muy grandes testimonios porque en la guerra más frecuentemente se impuso castigo contra aquellos que contra las órdenes habían luchado contra el enemigo y quienes, llamados a retirada, se habían retirado del combate más tarde, que contra los que se habían atrevido a abandonar las banderas o, rechazados, a retirarse de su lugar; (5) y en la paz, en verdad, porque ejercían el poder más con beneficios que con miedo y, recibida una ofensa, preferían perdonar a perseguir.


X
(1) Sed ubi labore atque iustitia res publica creuit, reges magni bello domiti, nationes ferae et populi ingentes ui subacti, Carthago, aemula imperi Romani, ab stirpe interiit, cuncta maria terraeque patebant, saeuire fortuna ac miscere omnia coepit. (2) Qui labores, pericula, dubias atque asperas res facile tolerauerant, eis otium, diuitiae -optandas alias- oneri miseriaeque fuere. (3) Igitur primo pecuniae, deinde imperi cupido creuit; ea quasi materies omnium malorum fuere. (4) Namque auaritia fidem, probitatem ceterasque artes bonas subuertit; pro his superbiam, crudelitatem, deos neglegere, omnia uenalia habere edocuit. (5) Ambitio multos mortales falsos fieri subegit; aliud clausum in pectore, aliud in lingua promptum habere; amicitias inimicitiasque non ex re sed ex commodo aestimare, magisque uultum quam ingenium bonum habere. (6) Haec primo paulatim crescere, interdum uindicari; post, ubi contagio quasi pestilentia inuasit, ciuitas immutata, imperium ex iustissimo atque optimo crudele intolerandumque factum.
X
(1) Pero cuando por esfuerzo y justicia la república creció, fueron dominados por la guerra grandes reyes, sometidos por la fuerza naciones salvajes y pueblos ingentes, Cartago, émula del poder romano, desapareció de raíz y todos los mares y tierras estaban abiertos, comenzó a mostrarse cruel la fortuna y a alterar todas las cosas. (2) Quienes habían soportado fácilmente esfuerzos, peligros, situaciones dudosas y complicadas, para estos el ocio y las riquezas -cosas deseables en otras circunstancias- sirvieron de carga y miseria. (3) Así pues, primero creció el ansia de dinero, después la de poder; estas cosas fueron como la raíz de todos los males. (4) Pues la avaricia aniquiló la lealtad, la honradez y restantes buenas artes; en lugar de estas enseñó la soberbia, la crueldad, el descuidar a los dioses, el tener todas las cosas como vendibles. (5) La ambición forzó a muchos mortales a hacerse falsos, a tener guardada una cosa en el pecho y otra pronta en la lengua; a estimar las amistades y enemistades no en sí, sino en su interés, y a tener buena cara más que buen espíritu. (6) Estas cosas primero crecían poco a poco, se castigaban de vez en cuando; después, cuando el contagio invadió como una epidemia, se transformó la ciudad y el poder se hizo, del más justo y óptimo, cruel e intolerable.


XI
(1) Sed primo magis ambitio quam auaritia animos hominum exercebat; quod tamen uitium propius uirtutem erat. (2) Nam gloriam, honorem, imperium bonus et ignauus aeque sibi exoptant; sed ille uera uia nititur; huic quia bonae artes desunt, dolis atque fallaciis contendit. (3) Auaritia pecuniae studium habet, quam nemo sapiens concupiuit; ea, quasi uenenis malis imbuta, corpus animumque uirilem effeminat, semper infinita, insatiabilis est, neque copia neque inopia minuitur. (4) Sed postquam L. Sulla, armis recepta re publica, bonis initiis malos euentus habuit, rapere omnes, trahere, domum alius, alius agros cupere, neque modum neque modestiam uictores habere, foeda crudeliaque in ciues facinora facere. (5) Huc adcedebat quod L. Sulla exercitum, quem in Asia ductauerat, quo sibi fidum faceret, contra morem maiorum luxuriose nimisque liberaliter habuerat. Loca amoena, uoluptaria, facile in otio feroces militum animos molliuerant. (6) Ibi primum insueuit exercitus populi Romani amare, potare, signa, tabulas pictas, uasa caelata mirari, ea priuatim et publice rapere, delubra spoliare, sacra profanaque omnia polluere. (7) Igitur ei milites, postquam uictoriam adepti sunt, nihil reliqui uictis fecere. Quippe secundae res sapientium animos fatigant, ne illi corruptis moribus uictoriae temperarent.
XI
(1) Pero al principio, más la ambición que la avaricia excitaba los espíritus de los hombres; sin embargo, aquel vicio estaba más cerca de la virtud. (2) Pues el bueno y el malo desean igualmente para sí la gloria, el honor, el poder; pero aquél marcha por el camino verdadero; a éste, porque le faltan buenas artes, lucha con engaños e intrigas. (3) La avaricia tiene deseo de dinero, que nadie sabio ha deseado; ésta, como empapada de venenos malos, afemina el cuerpo y el espíritu viril, es siempre ilimitada, insaciable y no disminuye ni con la abundancia ni con la escasez. (4) Pero después que Lucio Sila, ganada la república con las armas, tuvo malos resultados para sus buenos comienzos, todos robaban, saqueaban, uno deseaba una casa, otro campos y los vencedores no tenían medida ni moderación, realizaban horribles y crueles acciones contra los ciudadanos. (5) A esto se añadía que Lucio Sila había tenido, en contra de la costumbre de los antepasados, lujosa y demasiado liberalmente al ejército que había mandado en Asia, para hacerlo fiel a sí. Lugares encantadores, voluptuosos, habían ablandado fácilmente en el ocio los feroces espíritus de los soldados. (6) Allí se acostumbró por vez primera el ejército del pueblo romano a hacer el amor, a beber, a admirar estatuas, cuadros, vasos tallados, a robar estas cosas privada y públicamente, a despojar templos, a profanar todas las cosas sagradas y profanas. (7) Así pues, estos soldados, después que alcanzaron la victoria, nada dejaron a los vencidos. Como que las cosas favorables quebrantan los espíritus de los sabios, para que ellos, de corrompidas costumbres, pusiesen medida a la victoria.


XII
(1) Postquam diuitiae honori esse coepere, et eas gloria, imperium, potentia sequebatur, hebescere uirtus, paupertas probro haberi, innocentia pro maleuolentia duci coepit. (2) Igitur ex diuitiis iuuentutem luxuria atque auaritia cum superbia inuasere: rapere, consumere, parui sua pendere, aliena cupere, pudorem, pudicitiam, diuina atque humana promiscua, nihil pensi neque moderati habere. (3) Operae pretium est, cum domos atque uillas cognoueris in urbium modum exaedificatas, uisere templa deorum, quae nostri maiores, religiosissimi mortales, fecere. (4) Verum illi delubra deorum pietate, domos suas gloria decorabant, neque uictis quicquam praeter iniuriae licentiam eripiebant. (5) At hi contra, ignauissimi homines, per summum scelus omnia ea sociis adimere, quae fortissimi uiri uictores reliquerant; proinde quasi iniuriam facere id demum esset imperio uti.
XII
(1) Después que las riquezas empezaron a ser un honor y las seguía la gloria, el mando, el poder, empezó a debilitarse la virtud, a tenerse por deshonra la pobreza, la integridad a considerarse malevolencia. (2) Así pues, a partir las riquezas la lujuria y la avaricia junto con la soberbia invadieron a la juventud: robaban, derrochaban, tenían en poco sus cosas, deseaban los ajenas, tenían mezclados la vergüenza, el pudor, las cosas divinas y humanas, sin medida ni moderación. (3) Merece la pena, porque has visto casas y villas construidas a tamaño de ciudades, visitar los templos de los dioses que hicieron nuestros antepasados, los más piadosos mortales. (4) Verdaderamente aquellos adornaban los templos de los dioses con su piedad, sus casas con su gloria, y a los vencidos nada les quitaban excepto la posibilidad de ofensa. (5) En cambio éstos, por el contrario, los más malvados hombres, con el más grande crimen quitaban a sus aliados todas las cosas que fortísimos hombres vencedores les habían dejado; exactamente como si hacer una injusticia, esto realmente fuese usar del poder.


XIII
(1) Nam quid ea memorem, quae, nisi eis qui uidere, nemini credibilia sunt, a priuatis compluribus subuersos montes, maria constrata esse? (2) Quibus mihi uidentur ludibrio fuisse diuitiae, quippe, quas honeste habere licebat, abuti per turpitudinem properabant. (3) Sed lubido stupri, ganeae ceterique cultus non minor incesserat: uiri muliebria pati, mulieres pudicitiam in propatulo habere; uescendi causa terra marique omnia exquirere, dormire prius quam somni cupido esset, non famem aut sitim neque frigus neque lassitudinem opperiri sed ea omnia luxu antecapere. (4) Haec iuuentutem, ubi familiares opes defecerant, ad facinora incendebant. (5) Animus, imbutus malis artibus, haud facile lubidinibus carebat; eo profusius omnibus modis quaestui atque sumptui deditus erat.
XIII
(1) Pero, ¿por qué recordar estas cosas, que no son creíbles para nadie, a no ser para aquellos que las vieron, haber sido allanados montes, haber sido rellenados mares por varios particulares. (2) Para éstos me parece que las riquezas sirvieron de juguete, puesto que procuraban abusar por la deshonra de las que podían tener honestamente. (3) Pero había aparecido un deseo no menor de estupro, de taberna y de otro refinamiento: los varones soportaban cosas mujeriles, las mujeres tenían sus vergüenzas al descubierto; buscaban todas las cosas para comer por tierra y por mar, dormían antes de que hubiese deseo de sueño, no esperaban el hambre ni la sed ni el frío ni el cansancio, sino que todas estas cosas las provocaban por placer. (4) Estos cosas impulsaban a la juventud, cuando habían gastado las riquezas familiares, a crímenes. (5) Su espíritu, lleno de malas artes, no fácilmente carecía de placeres; por esto se había entregado más profusamente por todos los medios a la ganancia y al gasto.


XIV
(1) In tanta tamque corrupta ciuitate Catilina, id quod factu facillimum erat, omnium flagitiorum atque facinorum circum se tamquam stipatorum cateruas habebat. (2) Nam quicumque impudicus, adulter, ganeo, manu, uentre, pene bona patria lacerauerat, quique alienum aes grande conflauerat, quo flagitium aut facinus redimeret, (3) praeterea omnes undique parricidae, sacrilegi, conuicti iudiciis aut pro factis iudicium timentes, ad hoc quos manus atque lingua periurio aut sanguine ciuili alebat, postremo omnes quos flagitium, egestas, conscius animus exagitabat, ei Catilinae proximi familiaresque erant. (4) Quodsi quis etiam a culpa uacuus in amicitiam eius inciderat, cotidiano usu atque illecebris facile par similisque ceteris efficiebatur. (5) Sed maxime adulescentium familiaritates adpetebat; eorum animi molles et fluxi dolis haud difficulter capiebantur. (6) Nam ut cuiusque studium ex aetate flagrabat, aliis scorta praebere, aliis canes atque equos mercari, postremo neque sumptui neque modestiae suae parcere, dum illos obnoxios fidosque sibi faceret. (7) Scio fuisse nonnullos qui ita existimarent iuuentutem, quae domum Catilinae frequentabat, parum honeste pudicitiam habuisse; sed ex aliis rebus magis quam quod cuiquam id compertum foret, haec fama ualebat.
XIV
(1) En tan grande y tan corrompida ciudad Catilina, lo cual era muy fácil de hacer, tenía a su alrededor grupos de infames y facinerosos como satélites. (2) Pues todos los impúdicos, adúlteros, libertinos que habían disipado los bienes paternos con el juego, el vientre o la lujuria y los que habían amontonado grandes deudas para redimir su infamia o su crimen; (3) además todos los parricidas de todas partes, sacrílegos, condenados en juicios o los que temían el juicio por sus hechos, además aquellos a los que alimentaba la mano o la lengua por perjurio o por la sangre civil, finalmente todos a los que torturaban la infamia, la miseria, su espíritu consciente, éstos eran los amigos y familiares de Catilina. (4) Y si aún alguien libre de culpa había caído en su amistad, por el contacto cotidiano y las tentaciones fácilmente se hacía igual y semejante a los demás. (5) Pero, sobre todo, le apetecía la intimidad de los jóvenes; sus almas blandas y moldeables eran capturadas no difícilmente por sus engaños. (6) Pues como el deseo de cada uno ardía según su edad, a unos proporcionaba mujerzuelas, a otros compraba perros y caballos, finalmente no reparaba en gastos ni en su propia dignidad hasta hacerlos sometidos y fieles a él. (7) Sé que ha habido algunos que pensaran así que la juventud que frecuentaba la casa de Catilina, mantuvo su pudor poco honestamente; pero este rumor prevalecía más a causa de otras cosas que porque esto hubiera sido conocido para alguno.


XV
(1) Iam primum adulescens Catilina multa nefanda stupra fecerat, cum uirgine nobili, cum sacerdote Vestae, alia huiuscemodi contra ius fasque. (2) Postremo captus amore Aureliae Orestillae, cuius praeter formam nihil umquam bonus laudauit, quod ea nubere illi dubitabat timens priuignum adulta aetate, pro certo creditur, necato filio, uacuam domum scelestis nuptiis fecisse. (3) Quae quidem res mihi imprimis uidetur causa fuisse facinus maturandi. (4) Namque animus impurus, dis hominibusque infestus, neque uigiliis neque quietibus sedari poterat: ita conscientia mentem excitam uastabat. (5) Igitur color ei exsanguis, foedi oculi, citus modo, modo tardus incessus; prorsus in facie uultuque uecordia inerat.
XV
(1) Ya primero el adolescente Catilina había hecho muchos estupros nefandos, con una doncella noble, con una sacerdotisa de Vesta, y otras cosas de este estilo contra derecho humano y divino. (2) Finalmente, capturado por el amor de Aurelia Orestila, de la que ningún hombre bueno alabó nunca nada excepto su belleza, porque ella dudaba en casarse con él porque temía a un hijastro de edad adulta, se cree por cierto que, matado el hijo, dejó la casa vacía para unas nupcias criminales. (3) Estas cosas realmente me parece haber sido, principalmente, causa de apresurar su crimen. (4) Porque su espíritu impuro, odioso a los dioses y a los hombres, no podía calmarse ni en las vigilias ni en los descansos: hasta tal punto su conciencia devastaba su excitada mente. (5) Así pues tenía color pálido, ojos torvos, su paso ya rápido, ya lento; realmente en su aspecto y en su rostro estaba la maldad.


XVI
(1) Sed iuuentutem, quam, ut supra diximus, inlexerat, multis modis mala facinora edocebat. (2) Ex illis testes signatoresque falsos commodare; fidem, fortunas, pericula uilia habere; post, ubi eorum famam atque pudorem adtriuerat, maiora alia imperabat. (3) Si causa peccandi in praesens minus subpetebat, nihilominus insontes sicuti sontes circumuenire, iugulare; scilicet, ne per otium torpescerent manus aut animus, gratuito potius malus atque crudelis erat. (4) His amicis sociisque confisus Catilina simul quod aes alienum per omnes terras ingens erat et quod plerique Sullani milites largius suo usi rapinarum et uictoriae ueteris memores, ciuile bellum exoptabant, opprimundae rei publicae consilium cepit. (5) In Italia nullus exercitus; Cn. Pompeius in extremis terris bellum gerebat; ipsi consulatum petenti magna spes, senatus nihil sane intentus: tutae tranquillaeque res omnes, sed ea prorsus opportuna Catilinae.
XVI
(1) Pero a la juventud que, como dijimos antes, había atraído, le enseñaba de muchos modos malas acciones. (2) De aquellos proporcionaba testigos y firmantes falsos; mandaba considerar viles la lealtad, las fortunas y los peligros; después, cuando había triturado su fama y su vergüenza, les mandaba otras cosas mayores. (3) Si no se presentaba de momento ocasión de cometer una falta, no menos asediaba a inocentes como culpables, los degollaba; naturalmente, para que manos y espíritu no se entorpeciesen por el ocio, gratuitamente era más malo y cruel. (4) Confiado Catilina en estos amigos y cómplices, al mismo tiempo porque las deudas eran ingentes por todas las tierras y porque la mayoría de los soldados Silanos habiendo usado bastante largamente de lo suyo y acordándose de sus robos y de su antigua victoria deseaban una guerra civil, tomó la decisión de aplastar la república. (5) En Italia no había ningún ejército; Cneo Pompeyo hacía la guerra en tierras muy lejanas; para él mismo, que aspiraba al consulado, tenía grandes esperanzas; el senado realmente no estaba nada atento; todas las cosas estaban seguras y tranquilas, y estas cosas, precisamente, eran oportunas para Catilina.


XVII
(1) Igitur circiter Kalendas Iunias, L. Caesare et C. Figulo consulibus, primo singulos appellare, hortari alios, alios temptare; opes suas, imparatam rem publicam, magna praemia coniurationis docere. (2) Vbi satis explorata sunt quae uoluit, in unum omnes conuocat, quibus maxima necessitudo et plurimum audaciae inerat. (3) Eo conuenere senatorii ordinis L. Lentulus Sura, P. Autronius, L. Cassius Longinus, C. Cethegus, P. et Ser. Sullae Ser. filii, L. Vargunteius, Q. Annius, M. Porcius Laeca, L. Bestia, Q. Curius; (4) praeterea ex equestri ordine M. Fuluius Nobilior, L. Statilius, P. Gabinius Capito, C. Cornelius; ad hoc multi ex coloniis et municipiis, domi nobiles. (5) Erant praeterea complures paulo occultius consilii huiusce participes nobiles, quos magis dominationis spes hortabatur quam inopia aut alia necessitudo. (6) Ceterum iuuentus pleraque, sed maxime nobilium, Catilinae inceptis fauebat; quibus in otio uel magnifice uel molliter uiuere copia erat, incerta pro certis, bellum quam pacem malebant. (7) Fuere item ea tempestate qui crederent M. Licinium Crassum non ignarum eius consili fuisse: quia Cn. Pompeius inuisus ipsi magnum exercitum ductabat, cuiusuis opes uoluisse contra illius potentiam crescere, simul confisum, si coniuratio ualuisset, facile apud illos principem se fore.
XVII
(1) Así pues, alrededor de las kalendas de junio, siendo cónsules Lucio César y Cayo Fígulo (64 a. Cristo), primero los llamaba de uno en uno, exhortaba a unos, tentaba a otros; les enseñaba sus fuerzas, la república desprevenida, los grandes premios de la conjuración. (2) Cuando fueron suficientemente exploradas las cosas que quiso, convoca a una a todos los que tenían máxima necesidad y muchísima audacia. (3) Allí se reunieron del orden senatorial Lucio Léntulo Sura, Publio Autronio, Lucio Casio Longino, Cayo Cetego, Publio y Servio Sila, hijos de Servio, Lucio Vargunteyo, Quinto Annio, Marco Porcio Leca, Lucio Bestia, Quinto Cario; (4) además, del orden ecuestre Marco Fulvio Nobilior, Lucio Estatilio, Publio Gabinio Capitón, Cayo Cornelio; además muchos procedentes de las colonias y municipios, personas principales en su patria. (5) Había un poco más ocultamente, además, algunos nobles partícipes de este plan, a los que exhortaba más la esperanza de dominación que la escasez u otra necesidad. (6) Por lo demás, la mayor parte de la juventud, pero sobre todo de los nobles, apoyaba los proyectos de Catilina; éstos que tenían posibilidad de vivir magnífica o muellemente en el ocio, preferían cosas inciertas en lugar de las ciertas, la guerra a la paz. (7) Hubo, igualmente, en esta ocasión quienes creyeran que Marco Licinio Craso no fue desconocedor de este plan: que porque Cneo Pompeyo, que le era odioso, mandaba un gran ejército, quería que crecieran contra su poder las fuerzas de quienquiera que fuese, confiado al mismo tiempo en que, si la conjuración hubiera triunfado, fácilmente él sería jefe ante ellos.


XVIII
(1) Sed antea item coniurauere pauci contra rem publicam, in quibus Catilina fuit; de qua, quam uerissime potero, dicam. (2) L. Tullo et M. Lepido consulibus, P. Autronius et P. Sulla designati consules, legibus ambitus interrogati, poenas dederant. (3) Post paulo Catilina pecuniarium repetundarum reus prohibitus erat consulatum petere, quod intra legitimos dies profiteri nequiuerat. (4) Erat eodem tempore Cn. Piso, adulescens nobilis summae audaciae, egens, factiosus, quem ad perturbandam rem publicam inopia atque mali mores stimulabant. (5) Cum hoc Catilina et Autronius circiter Nonas Decembres consilio communicato parabant in Capitolio Kalendis Ianuariis L. Cottam et L. Torquatum consules interficere; ipsi, fascibus correptis, Pisonem cum exercitu ad obtinendas duas Hispanias mittere. (6) Ea re cognita, rursus in nonas Februarias consilium caedis transtulerant. (7) Iam tum non consulibus modo sed plerisque senatoribus perniciem machinabantur. (8) Quod ni Catilina maturasset pro curia signum sociis dare, eo die post conditam urbem Romam pessimum facinus patratum foret. Quia nondum frequentes armati conuenerant, ea res consilium diremit.
XVIII
(1) Pero antes conspiraron, igualmente, unos pocos contra la república entre los cuales estuvo Catilina; de ésta hablaré, lo más verazmente que pueda. (2) Siendo cónsules Lucio Tulo y Manio Lépido (66 a. Cristo), Publio Autronio y Publio Sila, cónsules designados, interrogados en virtud de las leyes de cohecho, habían sufrido condenas. (3) Poco después Catilina, reo de concusión, había sido impedido de presentarse al consulado, porque no había podido inscribirse dentro de los días legales. (4) Estaba por el mismo tiempo Cneo Pisón, joven noble de suma audacia, necesitado, intrigante, al que estimulaban para revolucionar la república la escasez y las malas costumbres. (5) Junto con éste, Catilina y Autronio alrededor de las nonas de diciembre con común plan preparaban matar en el Capitolio, en las kalendas de enero, a los cónsules Lucio Cotta y Lucio Torcuato; ellos mismos, cogidos los haces consulares, preparaban enviar a Pisón con un ejército a obtener las dos Hispanias. (6) Conocida esta cosa, de nuevo habían trasladado el plan de la matanza para las nonas de febrero. (7) Ya entonces no maquinaban el daño tan sólo para los cónsules sino también para la mayor parte de los senadores; (8) y si Catilina no se hubiera adelantado a dar ante la curia la señal a sus aliados, aquel día se habría realizado el peor crimen desde la fundación de la ciudad de Roma. Porque aún no se habían reunido suficientes hombres armados, esta cosa deshizo el plan.


XIX
(1) Postea Piso in citeriorem Hispaniam quaestor pro praetore missus est adnitente Crasso, quod eum infestum inimicum Cn. Pompeio cognouerat. (2) Neque tamen senatus prouinciam inuitus dederat, quippe foedum hominem a re publica procul esse uolebat; simul quia boni complures praesidium in eo putabant et iam tum potentia Pompei formidulosa erat. (3) Sed is Piso in prouincia ab equitibus Hispanis, quos in exercitu ductabat, iter faciens occisus est. (4) Sunt qui ita dicant, imperia eius iniusta, superba, crudelia, barbaros nequiuisse pati; (5) alii autem equites illos, Cn. Pompei ueteres fidosque clientes, uoluntate eius Pisonem adgressos; numquam Hispanos praeterea tale facinus fecisse, sed imperia saeua multa antea perpessos. Nos eam rem in medio relinquemus. (6) De superiore coniuratione satis dictum.
XIX
(1) Después, Pisón fue enviado a la España Citerior como cuestor en lugar de pretor, apoyándolo de Craso, porque había sabido que él era enemigo odioso para Cneo Pompeyo. (2) Y, sin embargo, el Senado no le había dado la provincia a disgusto, porque quería que un hombre indeseable estuviera lejos de la república; al mismo tiempo porque varios hombres buenos consideraban en él una defensa y ya entonces era temible el poder de Pompeyo. (3) Pero este Pisón, que hacía el camino, fue muerto en su provincia por caballeros hispanos que llevaba en su ejército. (4) Hay quienes así dicen que los extranjeros no pudieron soportar sus órdenes injustas, soberbias, crueles; (5) otros, en cambio, que aquellos caballeros, viejos y leales clientes de Cneo Pompeyo, han atacado a Pisón por su voluntad; que nunca los hispanos, aparte de esto, habían hecho tal cosa, sino que habían tolerado antes muchas órdenes crueles. Nosotros dejaremos este asunto en el medio. (6) Bastante se ha dicho de la conjuración anterior.


XX
(1) Catilina ubi eos, quos paulo ante memoraui, conuenisse uidet, tametsi cum singulis multa saepe egerat, tamen in rem fore credens uniuersos appellare et cohortari, in abditam partem aedium secedit atque ibi, omnibus arbitris procul amotis, orationem huiuscemodi habuit: (2) "Ni uirtus fidesque uestra spectata mihi forent, nequiquam opportuna res cecidisset; spes magna, dominatio in manibus frustra fuissent, neque ego per ignauiam aut uana ingenia incerta pro certis captarem. (3) Sed quia multis et magnis tempestatibus uos cognoui fortes fidosque mihi eo animus ausus est maximum atque pulcherrimum facinus incipere, simul quia uobis eadem quae mihi bona malaque esse intellexi: (4) nam idem uelle atque idem nolle, ea demum firma amicitia est. (5) Sed ego, quae mente agitaui, omnes iam antea diuersi audistis. (6) Ceterum mihi in dies magis animus accenditur, cum considero, quae condicio uitae futura sit, nisi nosmet ipsi uindicamus in libertatem. (7) Nam postquam res publica in paucorum potentium ius atque dicionem concessit semper illis reges, tetrarchae uectigales esse, populi, nationes stipendia pendere; ceteri omnes, strenui, boni, nobiles atque ignobiles, uulgus fuimus sine gratia, sine auctoritate, eis obnoxii, quibus, si res publica ualeret, formidini essemus. (8) Itaque omnis gratia, potentia, honos, diuitiae apud illos sunt aut ubi illi uolunt; nobis reliquere pericula, repulsas, iudicia, egestatem. (9) Quae, quousque tandem patiemini, o fortissimi uiri? Nonne emori per uirtutem praestat quam uitam miseram atque inhonestam, ubi alienae superbiae ludibrio fueris, per dedecus amittere? (10) Verum enimuero, pro deum atque hominum fidem, uictoria in manu nobis est, uiget aetas, animus ualet; contra, illis annis atque diuitiis omnia consenuerunt. Tantummodo incepto opus est, cetera res expediet. (11) Etenim quis mortalium, cui uirile ingenium est, tolerare potest illis diuitias superare, quas profundant in extruendo mari et montibus coaequandis, nobis rem familiarem etiam ad necessaria deesse? Illos binas aut amplius domos continuare, nobis larem familiarem nusquam ullum esse? (12) Cum tabulas, signa, toreumata emunt, noua diruunt, alia aedificant, postremo omnibus modis pecuniam trahunt, uexant, tamen summa lubidine diuitias suas uincere nequeunt. (13) At nobis est domi inopia, foris aes alienum, mala res, spes multo asperior; denique quid reliqui habemus praeter miseram animam? (14) Quin igitur expergiscimini? En illa, illa quam saepe optastis libertas, praeterea diuitiae, decus, gloria in oculis sita sunt. Fortuna omnia ea uictoribus praemia posuit. (15) Res, tempus, pericula, egestas, belli spolia magnifica magis quam oratio mea uos hortantur. (16) Vel imperatore uel milite me utimini; neque animus neque corpus a uobis aberit. (17) Haec ipsa, ut spero, uobiscum una consul agam nisi forte me animus fallit et uos seruire magis quam imperare parati estis."
XX
(1) Catilina, cuando ve que se han reunido aquellos que he recordado poco antes, aunque con cada uno a menudo ya había tratado muchas cosas, creyendo que, no obstante, sería útil para el asunto llamar a todos juntos y exhortarlos, se retira a una parte escondida de su casa y allí, eliminados todos los testigos, tuvo un discurso de este tipo: (2) “Si no me hubieran sido comprobados vuestro valor y lealtad, en vano se presentaría cosa oportuna; en vano habrían estado al alcance de nuestras manos una esperanza grande, una dominación, ni tomaría yo cosas inseguras en lugar de seguras por medio de cobardes o inconstantes. (3) Pero porque en muchas e grandes ocasiones os he conocido fuertes y fieles a mí, por eso mi espíritu se ha atrevido a comenzar el más grande y más hermoso hecho, al mismo tiempo porque comprendí que para vosotros son buenas y malas las mismas cosas que para mí: (4) pues querer lo mismo y no querer lo mismo, esto es, en definitiva, una firme amistad. (5) Pero las cosas que yo he agitado en mi mente, todos ya antes las escuchasteis cada uno por separado. (6) Por lo demás se me enciende más cada día el espíritu cuando considero qué condición de vida habrá si nosotros mismos no nos damos la libertad. (7) Pues después que la república cayó en derecho y sumisión de unos pocos poderosos, siempre para ellos los reyes, los tetrarcas eran sus tributarios, los pueblos, las naciones les pagaban tributos; todos los demás, valientes, buenos, nobles y no nobles hemos sido vulgo sin crédito, sin autoridad, sometidos a aquellos a quienes causaríamos terror si la república fuese fuerte. (8) Y así todo crédito, poder, honor, riquezas están entre ellos o donde ellos quieren; para nosotros dejaron los peligros, los desprecios, los juicios, la pobreza. (9) Estas cosas ¿hasta cuándo vais a soportarlas, oh fortísimos varones?, ¿acaso no vale más morir valerosamente que perder deshonrosamente una vida miserable e inhonesta, durante la cual has servido de juguete para la soberbia ajena? (10) Pero, ¡por la fidelidad a dioses y hombres!, tenemos la victoria en la mano, nuestra edad es vigorosa, es valiente nuestro espíritu; por el contrario, para ellos todas las cosas han envejecido con los años y con las riquezas. Ahora solamente hay necesidad de empezar, la restante cosa vendrá. (11) Porque, ¿qué mortal, que tenga temple viril, puede tolerar que a ellos les sobren riquezas que derrochan en rellenar el mar y allanar los montes, y que a nosotros nos falte patrimonio incluso para las cosas necesarias?, ¿que ellos construyan las casas de dos en dos o más, que nosotros en ninguna parte tengamos lar familiar alguno? (12) Aunque compran cuadros, estatuas, vasos, echan abajo cosas nuevas, edifican otras, en fin, por todos los medios tiran el dinero y lo derrochan, sin embargo, con sumo placer no pueden vencer sus riquezas. (13) En cambio, nosotros tenemos en casa escasez, fuera deudas; una mala situación, una esperanza mucho más dura; en resumen, ¿qué otra cosa poseemos aparte de una vida miserable? (14) ¿Por qué, pues, no despertáis? He aquí aquella, aquella libertad que a menudo habéis deseado, además las riquezas, el honor, la gloria se han situado ante nuestros ojos. Fortuna ha puesto todas estas cosas como premio para los vencedores. (15) La cosa, el tiempo, los peligros, la necesidad, los magníficos botines de guerra os exhortan más que mi discurso. (16) O como jefe o como soldado utilizadme; ni mi espíritu ni mi cuerpo se apartará de vosotros. (17) Estas cosas, según espero, las haré como cónsul a una con vosotros, si no, quizás, me engaña mi espíritu y vosotros estáis dispuestos a servir más que a mandar.”


XXI
(1) Postquam accepere ea homines, quibus mala abunde omnia erant sed neque res neque spes bona ulla, tametsi illis quieta mouere magna merces uidebatur, tamen postulauere plerique, ut proponeret, quae condicio belli foret, quae praemia armis peterent, quid ubique opis aut spei haberent. (2) Tum Catilina polliceri tabulas nouas, proscriptionem locupletium, magistratus, sacerdotia, rapinas, alia omnia, quae bellum atque lubido uictorum fert. (3) Praeterea esse in Hispania citeriore Pisonem, in Mauretania cum exercitu P. Sittium Nucerinum, consili sui participes: petere consulatum C. Antonium, quem sibi collegam fore speraret, hominem et familiarem et omnibus necessitudinibus circumuentum; cum eo se consulem initium agundi facturum. (4) Ad hoc maledictis increpabat omnes bonos, suorum unumquemque nominans laudare; admonebat alium egestatis, alium cupiditatis suae, complures periculi aut ignominiae, multos uictoriae Sullanae, quibus ea praedae fuerat. (5) Postquam omnium animos alacres uidet, cohortatus ut petitionem suam curae haberent, conuentum dimisit.
XXI
(1) Después que oyeron estas cosas unos hombres, que tenían abundantemente todos los males, pero ni cosa ni esperanza buena alguna, aunque les parecía gran recompensa remover las cosas quietas, sin embargo, la mayoría pidió que explicase cuál sería la condición de la guerra, qué premios alcanzarían con las armas, qué fuerza o esperanza tendrían en todos los aspectos. (2) Entonces Catilina prometía abolición de deudas, proscripción de ricos, magistraturas, sacerdocios, rapiñas y todas las otras cosas que lleva consigo una guerra y el deseo de los vencedores. (3) Además dijo que en la Hispania citerior estaba Pisón, en Mauritania con un ejército Publio Sittio Nicerino, partidarios de su plan: que pedía el consulado Cayo Antonio, que esperaba sería su colega, amigo suyo íntimo y rodeado por todas las necesidades; que con éste él daría, ya cónsul, la señal de actuar. (4) Además con maldiciones a todos los buenos increpaba, llamando a cada uno de los suyos por su nombre, los alababa; advertía a uno de su miseria, a otro de su ambición, a muchos de su peligro o ignominia, a muchos de la victoria de Sila, que les había servido de botín. (5) Después que ve alegres los espíritus de todos, exhortándoles a que cuidaran su petición, disolvió la asamblea.


XXII
(1) Fuere ea tempestate qui dicerent Catilinam, oratione habita, cum ad iusiurandum populares sceleris sui adigeret, humani corporis sanguinem uino permixtum in pateris circumtulisse; (2) inde cum post execrationem omnes degustauissent, sicuti in sollemnibus sacris fieri consueuit, aperuisse consilium suum atque eo ita fecisse, quo inter se fidi magis forent, alius alii tanti facinoris conscii. (3) Nonnulli ficta et haec et multa praeterea existimabant ab eis qui Ciceronis inuidiam, quae postea orta est, leniri credebant atrocitate sceleris eorum qui poenas dederant. (4) Nobis ea res pro magnitudine parum comperta est.
XXII
(1) Hubo en esta ocasión quienes dijesen que Catilina, tenido su discurso, había hecho circular en copas sangre de cuerpo humano mezclada con vino, obligando a un juramento a los cómplices de su crimen; (2) que, habiendo degustado todos de allí tras la execración, según acostumbra a hacerse en los sacrificios solemnes, había revelado su plan y que lo había hecho así para que fuesen más leales entre ellos, sabedores unos de tan gran delito de los otros. (3) Algunos juzgaban que habían sido inventadas estas cosas y muchas además por aquellos que creían se calmaba el odio a Cicerón, que surgió luego, por la atrocidad del crimen de aquellos que habían sido castigados. (4) Para nosotros este hecho en relación con su magnitud es poco claro.


XXIII
(1) Sed in ea coniuratione fuit Q. Curius, natus haud obscuro loco, flagitiis atque facinoribus coopertus, quem censores senatu probri gratia mouerant. (2) Huic homini non minor uanitas inerat quam audacia: neque reticere quae audierat neque suamet ipse scelera occultare; prorsus neque dicere neque facere quicquam pensi habebat. (3) Erat ei cum Fuluia, muliere nobili, stupri uetus consuetudo; cui cum minus gratus esset, quia inopia minus largiri poterat, repente glorians maria montesque polliceri et minari interdum ferro, ni sibi obnoxia foret; postremo agitare ferocius quam solitus erat. (4) At Fuluia, insolentiae Curi causa cognita, tale periculum rei publicae haud occultum habuit, sed, sublato auctore, de Catilinae coniuratione quae quoque modo audierat compluribus narrauit. (5) Ea res imprimis studia hominum accendit ad consulatum mandandum M. Tullio Ciceroni. (6) Namque antea pleraque nobilitas inuidia aestuabat et quasi pollui consulatum credebant, si eum quamuis egregius homo nouus adeptus foret. Sed ubi periculum aduenit, inuidia atque superbia post fuere.
XXIII
(1) Pero en esta conjuración estuvo Quinto Curio, nacido de no oscuro lugar, cubierto de vergüenzas y crímenes, a quien los censores habían expulsado del Senado a causa de su infamia. (2) Este hombre no tenía menor ligereza que audacia: ni callaba las cosas que había oído ni ocultaba sus propios crímenes; realmente no tenía medida ni al hablar ni al hacer. (3) Tenía con Fulvia, mujer noble, antiguo amancebamiento; como le era a ésta menos grato porque no podía ser generoso a causa de su miseria, de repente le prometía, jactándose, mares y montes, y, de vez en cuando, la amenazaba con la espada, si no le era obediente; en resumen, la trataba más brutalmente de lo que acostumbraba. (4) Pero Fulvia, conocida la causa de la insolencia de Curio, no mantuvo oculto un peligro de tal clase para la república, sino que, quitado el autor, contó a varios las cosas que había oído y de qué modo sobre la conjuración de Catilina. (5) Este hecho, fundamentalmente, encendió los deseos de los hombres para encomendar el consulado a Marco Tulio Cicerón. (6) Pues antes, la mayor parte de la nobleza ardía en antipatía y creían casi que era profanado el consulado si lo hubiera alcanzado un hombre nuevo, aunque distinguido. Pero cuando vino el peligro se quedaron atrás antipatía y orgullo.


XXIV
(1) Igitur comitiis habitis, consules declarantur M. Tullius et C. Antonius, quod factum primo populares coniurationis concusserat. (2) Neque tamen Catilinae furor minuebatur, sed in dies plura agitare, arma per Italiam locis opportunis parare, pecuniam sua aut amicorum fide sumptam mutuam Faesulas ad Manlium quemdam portare, qui postea princeps fuit belli faciundi. (3) Ea tempestate plurimos cuiusque generis homines adsciuisse sibi dicitur, mulieres etiam aliquot, quae primo ingentis sumptus stupro corporis tolerauerant, post ubi aetas tantummodo quaestui neque luxuriae modum fecerat, aes alienum grande conflauerant. (4) Per eas se Catilina credebat posse seruitia urbana sollicitare, urbem incendere, uiros earum uel adiungere sibi uel interficere.
XXIV
(1) Celebrados, pues, los comicios, son proclamados cónsules Marco Tulio y Gayo Antonio, hecho que, primero, había golpeado a los partidarios de la conjuración. (2) Y, sin embargo, el furor de Catilina no disminuía, sino que se agitaba más cada día, preparaba armas en lugares oportunos por Italia, llevaba a Fésulas a un tal Manlio, que después fue el primero en hacer la guerra, dinero tomado prestado por su lealtad o la de sus amigos. (3) Se dice que en este tiempo se adhirieron a él muchos hombres de cualquier género, incluso algunas mujeres que, al principio, habían soportado sus ingentes gastos con el comercio de su cuerpo, después, cuando la edad había puesto medida solamente a sus ganancias y no a su lujo, habían amontonado grandes deudas. (4) Por medio de ellas Catilina creía que él podía sublevar a los esclavos urbanos, incendiar la ciudad, ganarse a sus maridos o matarlos.


XXV
(1) Sed in eis erat Sempronia, quae multa saepe uirilis audaciae facinora commiserat. (2) Haec mulier genere atque forma, praeterea uiro, liberis satis fortunata fuit; litteris Graecis et Latinis docta, psallere, saltare elegantius quam necesse est probae, multa alia, quae instrumenta luxuriae sunt. (3) Sed ei cariora semper omnia quam decus atque pudicitia fuit; pecuniae an famae minus parceret, haud facile discerneres; lubido sic accensa, ut saepius peteret uiros quam peteretur. (4) Sed ea saepe antehac fidem prodiderat, creditum abiurauerat, caedis conscia fuerat, luxuria atque inopia praeceps abierat. (5) Verum ingenium eius haud absurdum: posse uersus facere, iocum mouere, sermone uti uel modesto uel molli uel procaci; prorsus multae facetiae multusque lepos inerat.
XXV
(1) Pero entre éstas estaba Sempronia, que había cometido muchos hechos, a menudo, de audacia viril. (2) Esta mujer fue bastante afortunada con su familia y belleza, además con su esposo, con sus hijos; instruida en letras griegas y latinas, en cantar, en danzar más elegantemente de lo que es necesario a una mujer honrada y en otras muchas cosas que son instrumentos de la lujuria. (3) Pero para ésta siempre fueron todas las cosas más preciadas que la honra y el pudor; no discernirías fácilmente si cuidaba menos de su dinero o de su fama; su pasión se encendió hasta tal punto que más frecuentemente solicitaba a los hombres, que era solicitada por ellos. (4) Pero ésta, a menudo, antes había traicionado su fe, había negado con juramentos créditos, había sido conocedora de un crimen, había ido de cabeza por la lujuria y la. escasez. (5) Pero su espíritu era distinguido: podía hacer versos, promover bromas, usar un lenguaje humilde o tierno o procaz; realmente había en ella muchas gracias y mucho encanto.


XXVI
(1) His rebus comparatis, Catilina nihilo minus in proximum annum consulatum petebat, sperans, si designatus foret, facile se ex uoluntate Antonio usurum. Neque interea quietus erat, sed omnibus modis insidias parabat Ciceroni. (2) Neque illi tamen ad cauendum dolus aut astutiae deerant. (3) Namque a principio consulatus sui multa pollicendo per Fuluiam effecerat, ut Q. Curius, de quo paulo ante memoraui, consilia Catilinae sibi proderet. (4) Ad hoc collegam suum Antonium pactione prouinciae perpulerat, ne contra rem publicam sentiret; circum se praesidia amicorum atque clientium occulte habebat. (5) Postquam dies comitiorum uenit et Catilinae neque petitio neque insidiae, quas consulibus in campo fecerat, prospere cessere, constituit bellum facere et extrema omnia experiri, quoniam, quae occulte temptauerat, aspera foedaque euenerant.
XXVI
(1) Preparadas estas cosas, Catilina pedía, no obstante, el consulado para el año siguiente, esperando que, si llegaba a ser designado, usaría de Antonio a voluntad. Y, entre tanto, no estaba quieto, sino que por todos los medios preparaba insidias a Cicerón. (2) Y, sin embargo, no le faltaban a éste habilidad o astucia para protegerse. (3) Pues desde el principio de su propio consulado había logrado por medio de Fulvia, prometiéndole muchas cosas, que Quinto Curio, del que poco antes he hecho mención, le descubriese los planes de Catilina. (4) Además había inducido, por un acuerdo sobre la atribución de una provincia, a su colega Antonio para que no obrara contra la república; alrededor de sí tenía ocultamente escoltas de amigos y clientes. (5) Después que llegó el día de los comicios y a Catilina ni su petición ni las insidias, que había hecho para los cónsules en el Campo de Marte, le resultaron prósperamente, decidió hacer la guerra y experimentar todas las cosas extremas, porque, las cosas que había intentado de manera oculta, le habían resultado penosas y vergonzosas.


XXVII
(1) Igitur C. Manlium Faesulas atque in eam partem Etruriae, Septimium quemdam Camertem in agrum Picenum, C. Iulium in Apuliam dimisit; praeterea alium alio, quem ubique opportunum sibi fore credebat. (2) Interea Romae multa simul moliri, consulibus insidias tendere, parare incendia, opportuna loca armatis hominibus obsidere: ipse cum telo esse, item alios iubere, hortari uti semper intenti paratique essent, dies noctesque festinare, uigilare, neque insomniis neque labore fatigari. (3) Postremo ubi multa agitanti nihil procedit, rursus intempesta nocte coniurationis principes conuocat per M. Porcium Laecam, (4) ibique multa de ignauia eorum questus, docet se Manlium praemisisse ad eam multitudinem quam ad capiunda arma parauerat, item alios in alia loca opportuna, qui initium belli facerent, seque ad exercitum proficisci cupere, si prius Ciceronem oppressisset; eum suis consiliis multum officere.
XXVII
(1) Así pues, envió a Cayo Manlio a Fésulas y a aquella parte de Etruria, a un tal Septimio de Camerino al campo Piceno, a Cayo Julio a la Apulia; además, cada uno a un sitio, a quien creía que le sería útil y a donde creía que le sería útil. (2) Entre tanto, en Roma, muchas cosas al mismo tiempo maquinaba, tendía insidias a los cónsules, preparaba incendios, asediaba los lugares oportunos con hombres armados: él mismo estaba con un arma, mandaba del mismo modo a los otros, los exhortaba a que estuvieran siempre atentos y preparados, durante días y noches se apresuraba, estaba en vela, ni se cansaba con los insomnios ni con el esfuerzo. (3) Finalmente, cuando nada da resultado al que removía muchas cosas, de nuevo convoca, muy entrada la noche, a los cabecillas de la conjuración por medio de Marco Porcio Leca, (4) y quejándose allí mucho de la apatía de aquellos, les enseña que él ha enviado por delante a Manlio hacia a la multitud que había preparado para tomar las armas, igualmente a otros a otros lugares oportunos para que comenzaran la guerra, y que él desea partir hacia el ejército, si antes hubiera destruido a Cicerón; éste obstaculizaba mucho sus planes.


XXVIII
(1) Igitur perterritis ac dubitantibus ceteris, C. Cornelius eques Romanus operam suam pollicitus et cum eo L. Vargunteius senator constituere ea nocte paulo post cum armatis hominibus sicuti salutatum introire ad Ciceronem ac de improuiso domi suae imparatum confodere. (2) Curius ubi intellegit quantum periculum consuli impendeat, propere per Fuluiam Ciceroni dolum qui parabatur enuntiat. (3) Ita illi ianua prohibiti tantum facinus frustra susceperant. (4) Interea Manlius in Etruria plebem sollicitare, egestate simul ac dolore iniuriae nouarum rerum cupidam, quod Sulla dominatione agros bonaque omnia amiserat; praeterea latrones cuiusque generis, quorum in ea regione magna copia erat; nonnullos ex Sullanis coloniis, quibus lubido atque luxuria ex magnis rapinis nihil reliqui fecerat.
XXVIII
(1) Así pues, aterrorizados y vacilantes los demás, Cayo Cornelio, caballero romano, habiendo prometido su colaboración, y con él el senador Lucio Vargunteyo, decidieron en aquella noche entrar, poco después, con hombres armados en casa de Cicerón como para saludarlo y de improviso matarlo desprevenido en su propia casa. (2) Curio, cuando comprende cuán gran peligro se cierne sobre el cónsul, inmediatamente por medio de Fulvia anuncia a Cicerón el engaño que se le preparaba. (3) Así aquellos, detenidos en la puerta, en vano habían tomado tan gran crimen. (4) Entre tanto, Manlio en Etruria soliviantaba a la plebe, deseosa de cosas nuevas, por la miseria al mismo tiempo que por el dolor de la injuria, porque con la dominación de Sila había perdido sus campos y todos sus bienes; además, a ladrones de todo tipo, de los que en esta región había gran abundancia; y a algunos de las colonias de Sila, a los que el deseo y la lujuria no había dejado nada de las grandes rapiñas.


XXIX
(1) Ea cum Ciceroni nuntiarentur, ancipiti malo permotus, quod neque urbem ab insidiis priuato consilio longius tueri poterat, neque exercitus Manli quantus aut quo consilio foret satis compertum habebat, rem ad senatum refert, iam antea uulgi rumoribus exagitatum. (2) Itaque, quod plerumque in atroci negotio solet, senatus decreuit, darent operam consules ne quid res publica detrimenti caperet. (3) Ea potestas per senatum more Romano magistratui maxima permittitur: exercitum parare, bellum gerere, coercere omnibus modis socios atque ciues, domi militiaeque imperium atque iudicium summum habere; aliter sine populi iussu nullius earum rerum consuli ius est.
XXIX
(1) Como se anunciaran estas cosas a Cicerón, conmovido por el doble mal, porque no podía proteger más tiempo a la ciudad de las insidias con su decisión particular ni tenía bastante claro cuán grande sería el ejército de Manlio o de qué plan, lleva el asunto al senado, ya antes excitado por los rumores del vulgo. (2) Así pues, lo que muchas veces suele suceder en un asunto atroz, el senado decretó que los cónsules se esforzaran en que la república no cogiera nada de daño. (3) Este poder es concedido como el máximo por el senado, según la costumbre romana, a un magistrado: preparar un ejército, hacer la guerra, obligar por todos los medios a aliados y ciudadanos, tener en la paz y en la guerra el poder militar y el máximo poder judicial; de otro modo sin mandato del pueblo de ninguna de estas cosas hay derecho para un cónsul.


XXX
(1) Post paucos dies L. Saenius senator in senatu litteras recitauit, quas Faesulis adlatas sibi dicebat, in quibus scriptum erat C. Manlium arma cepisse cum magna multitudine ante diem VI Kalendas Nouembres. (2) Simul, id quod in tali re solet, alii portenta atque prodigia nuntiabant, alii conuentus fieri, arma portari, Capuae atque in Apulia seruile bellum moueri. (3) Igitur senati decreto Q. Marcius Rex Faesulas, Q. Metellus Creticus in Apuliam circumque ea loca missi (4) (hi utrique ad urbem imperatores erant, impediti ne triumpharent calumnia paucorum, quibus omnia honesta atque inhonesta uendere mos erat) (5) sed praetores Q. Pompeius Rufus Capuam, Q. Metellus Celer in agrum Picenum, eisque permissum, uti pro tempore atque periculo exercitum compararent. (6) Ad hoc, si quis indicauisset de coniuratione, quae contra rem publicam facta erat, praemium seruo libertatem et sestertia centum, libero impunitatem eius rei et sestertia ducenta; (7) itemque decreuere, uti gladiatoriae familiae Capuam et in cetera municipia distribuerentur pro cuiusque opibus; Romae per totam urbem uigiliae haberentur eisque minores magistratus praeessent.
XXX
(1) Después de unos pocos días, el senador Lucio Senio leyó en alta. voz en el senado una carta, que decía haberle sido enviada de Fésulas, en la que se había escrito que Cayo Manlio había tomado las armas con una gran multitud el día sexto antes de las kalendas de noviembre (27 octubre). (2) Al mismo tiempo, tal como suele suceder en en una cosa de tal clase, unos anunciaban portentos y prodigios, otros que se hacían reuniones, que se transportaban armas, que en Capua y en Apulia se movía una guerra de esclavos. (3) Así pues, por decreto del senado, fueron enviados Quinto Marcio Rex a Fésulas y Quinto Metelo Crético a Apulia y alrededor de aquellos lugares (4) (estos dos estaban ante la ciudad como “Imperatores”, impedidos de hacer el triunfo por la intriga de unos pocos que tenían costumbre de vender todas las cosas honestas e inhonestas) (5) y como pretores Quinto Pompeyo Rufo a Capua, Quinto Metelo Acer al campo Piceno, y se les permitió que prepararan un ejército de acuerdo con el momento y el peligro. (6) Además, si alguien hubiera señalado algo sobre la conjuración, que se había hecho contra la república, decretaron como premio, para un esclavo, la libertad y cien mil sestercios; para un hombre libre, la impunidad de este hecho y doscientos mil sestercios; (7) e, igualmente, decretaron que las compañías de gladiadores se enviaran a Capua y restantes municipios según las riquezas de cada uno; que en Roma se tuviesen turnos de guardia por toda la ciudad y que estuvieran al frente de estos los magistrados menores.


XXXI
(1) Quibus rebus permota ciuitas atque immutata urbis facies erat. Ex summa laetitia atque lasciuia, quae diuturna quies pepererat, repente omnes tristitia inuasit : (2) festinare, trepidare, neque loco neque homini cuiquam satis credere, neque bellum gerere neque pacem habere, suo quisque metu pericula metiri. (3) Ad hoc mulieres, quibus rei publicae magnitudine belli timor insolitus incesserat, adflictare sese, manus supplices ad caelum tendere, miserari paruos liberos, rogitare, omnia pauere, superbia atque deliciis omissis sibi patriaeque diffidere. (4) At Catilinae crudelis animus eadem illa mouebat, tametsi praesidia parabantur et ipse lege Plautia interrogatus erat ab L. Paulo. (5) Postremo dissimulandi causa aut sui expurgandi, sicuti iurgio lacessitus foret, in senatum uenit. (6) Tum M. Tullius consul, siue praesentiam eius timens siue ira commotus, orationem habuit luculentam atque utilem rei publicae, quam postea scriptam edidit. (7) Sed ubi ille adsedit, Catilina, ut erat paratus ad dissimulanda omnia, demisso uultu, uoce supplici postulare a patribus coepit ne quid de se temere crederent; ea familia ortum, ita se ab adulescentia uitam instituisse, ut omnia bona in spe haberet. Ne existimarent sibi, patricio homini, cuius ipsius atque maiorum plurima beneficia in plebem Romanam essent, perdita re publica opus esse, cum eam seruaret M. Tullius, inquilinus ciuis urbis Romae. (8) Ad hoc maledicta alia cum adderet, obstrepere omnes, hostem atque parricidam uocare. (9) Tum ille furibundus: "Quoniam quidem circumuentus -inquit- ab inimicis praeceps agor, incendium meum ruina restinguam".
XXXI
(1) Por estas cosas se había conmovido la ciudadanía y se había cambiado el aspecto de la ciudad. De suma alegría y lujuria, que una larga tranquilidad había producido, de repente invadió la tristeza a todos: (2) se daban prisa, estaban inquietos, no se confiaba bastante en ningún sitio ni en ninguno hombre, ni hacían guerra ni tenían paz, cada uno medía los peligros según su propio miedo. (3) Además las mujeres, a las que había invadido un temor a la guerra insólito por la grandeza de la república, se afligían, levantaban suplicantes sus manos al cielo, se compadecían de sus hijos pequeños, preguntaban, temían todas las cosas, desconfiaban de sí y de la patria, abandonados la soberbia y los placeres. (4) Pero el espíritu cruel de Catilina movía aquellas mismas cosas, aunque se disponían guardias y él mismo había sido interrogado por Lucio Paulo en virtud de la ley Plaucia. (5) Finalmente, para disimular o para excusarse, si hubiera sido provocado en la discusión, fue al senado. (6) Entonces el cónsul Marco Tulio, o temiendo su presencia o excitado por la ira, pronunció un discurso espléndido y útil a la república, que luego editó escrito. (7) Pero cuando aquél se sentó, Catilina, como se había preparado para disimular todas las cosas, con el rostro inclinado hacia el suelo, con voz suplicante empezó a pedir de los senadores que no creyeran sobre él nada a la ligera; que había nacido de una familia tal, que él había formado su vida desde la adolescencia de tal modo que tenía todos los bienes en esperanza. Que no estimaran que él, hombre patricio, cuyos muchos beneficios propios y los de sus antepasados eran para la plebe romana, tenía necesidad de la perdición de la república, defendiéndola Marco Tulio, ciudadano forastero de la ciudad de Roma. (8) Además, como añadiera otras maldiciones, todos protestaban, lo llamaban enemigo y parricida. (9) Entonces él, furibundo, dijo: “Ya que realmente rodeado de enemigos soy llevado al precipicio, extinguiré mi incendio con la ruina.”


XXXII
(1) Deinde se ex curia domum proripuit. Ibi multa ipse secum uoluens, quod neque insidiae consuli procedebant et ab incendio intellegebat urbem uigiliis munitam, optimum factu credens exercitum augere ac priusquam legiones scriberentur multa antecapere quae bello usui forent, nocte intempesta cum paucis in Manliana castra profectus est. (2) Sed Cethego atque Lentulo ceterisque, quorum cognouerat promptam audaciam, mandat, quibus rebus possent, opes factionis confirment, insidias consuli maturent, caedem, incendia aliaque belli facinora parent: sese propediem cum magno exercitu ad urbem accessurum. (3) Dum haec Romae geruntur, C. Manlius ex suo numero legatos ad Marcium Regem mittit cum mandatis huiuscemodi:
XXXII
(1) Después se dirigió rápidamente del senado a su casa. Allí, él mismo dándole vueltas a muchas cosas consigo, porque no daban resultado las insidias al cónsul y comprendía que la urbe estaba protegida del incendio por las rondas, creyendo que lo mejor que se podía hacer era aumentar el ejército y preparar con antelación muchas cosas que se iban a utilizar en la guerra antes de que fuesen reclutadas las legiones, a media noche con unos pocos marchó al campamento de Manlio. (2) Pero manda a Cetego y a Léntulo y a los otros, cuya pronta audacia había conocido, fortalezcan, por los medios que pudieran, los recursos de la facción, apresuren insidias al cónsul, preparen una matanza, incendios y otras acciones de guerra: que él de un día a otro llegará con un gran ejército a la ciudad. (3) Mientras se hacen estas cosas en Roma, Cayo Manlio envía embajadores de su número a Marcio Rex con encargos de este estilo:


XXXIII
(1) "Deos hominesque testamur, imperator, nos arma neque contra patriam cepisse neque quo periculum ullis faceremus, sed uti corpora nostra ab iniuria tuta forent, qui miseri, egentes, uiolentia atque crudelitate feneratorum plerique patria sed omnes fama atque fortunis expertes sumus. Neque cuiquam nostrum licuit more maiorum lege uti neque, amisso patrimonio, liberum corpus habere: tanta saeuitia feneratorum atque praetoris fuit. (2) Saepe maiores uestrum, miseriti plebis Romanae, decretis suis inopiae eius opitulati sunt, ac nouissime, memoria nostra, propter magnitudinem aeris alieni, uolentibus omnibus bonis, argentum aere solutum est. (3) Saepe ipsa plebs aut dominandi studio permota aut superbia magistratuum, armata a patribus secessit. (4) At nos non imperium neque diuitias petimus, quarum rerum causa bella atque certamina omnia inter mortales sunt, sed libertatem, quam nemo bonus nisi cum anima simul amittit. (5) Te atque senatum obtestamur, consulatis miseris ciuibus, legis praesidium, quod iniquitas praetoris eripuit, restituatis neue nobis eam necessitudinem imponatis, ut quaeramus quonam modo maxime ulti sanguinem nostrum pereamus."
XXXIII
(1) “Ponemos por testigos a los dioses y a los hombres, general, de que nosotros no hemos tomado las armas ni contra la patria ni para hacer daño a otros, sino para que nuestros cuerpos queden libres de ofensa, nosotros que somos míseros, necesitados, por la violencia y crueldad de los prestamistas, muchos desprovistos de patria pero todos de buena fama y riquezas. A ninguno de nosotros le fue lícito, según la costumbre de nuestros antepasados, servirse de la ley ni tener cuerpo libre, perdido el patrimonio: tan grande fue la crueldad de los prestamistas y del pretor. (2) A menudo, vuestros mayores, compadecidos de la plebe romana, acudieron en auxilio de su necesidad con sus decretos y muy recientemente, en el recuerdo nuestro, debido a la magnitud de las deudas, queriéndolo todos los hombres buenos, se saldó la plata con bronce. (3) A menudo, esta misma plebe movida o por el deseo de dominar o por la soberbia de los magistrados se retiró, armada, de los patricios. (4) Pero nosotros no pedimos mando ni riquezas, por cuya causa son todas las guerras y disputas entre mortales, sino la libertad, que ningún hombre bueno pierde sino al mismo tiempo que el alma. (5) A ti y al senado suplicamos que miréis por los ciudadanos desgraciados, que nos restituyáis la protección de la ley que nos arrancó la iniquidad del pretor y que no nos impongáis esta necesidad, que busquemos de qué modo, habiendo vengado lo más posible nuestra sangre, perezcamos.”


XXXIV
(1) Ad haec Q. Marcius respondit, si quid ab senatu petere uellent, ab armis discedant, Romam supplices proficiscantur: ea mansuetudine atque misericordia senatum populi Romani semper fuisse, ut nemo umquam ab eo frustra auxilium petiuerit. (2) At Catilina ex itinere plerisque consularibus, praeterea optimo cuique, litteras mittit, se falsis criminibus circumuentum, quoniam factioni inimicorum resistere nequiuerit, fortunae cedere, Massiliam in exilium proficisci, non quo sibi tanti sceleris conscius esset, sed uti res publica quieta foret neue ex sua contentione seditio oreretur. (3) Ab his longe diuersas litteras Q. Catulus in senatu recitauit, quas sibi nomine Catilinae redditas dicebat. Earum exemplum infra scriptum est.
XXXIV
(1) A estas cosas respondió Quinto Marcio, que si quisieran pedir algo del senado, que se aparten de las armas, que marchen suplicantes a Roma: que el senado del pueblo romano ha sido siempre de tal benevolencia y misericordia que nadie nunca ha pedido en vano de él auxilio. (2) Pero Catilina desde el camino envía una carta a la mayoría de los senadores, además a todas las personas distinguidas, diciendo que él, rodeado de falsas acusaciones, porque no pudo hacer resistencia al grupo de sus enemigos personales, cede a la fortuna y parte hacia Massilia al destierro, no porque tuviera conciencia de tan gran crimen, sino para que quedase tranquila la república y no surgiera una sedición de su obstinación. (3) Otra carta muy distinta de ésta leyó en alta voz en el senado Quinto Cátulo, la cual decía haberle sido entregada bajo el nombre de Catilina. Una copia de ésta se ha escrito más abajo.


XXXV
(1) "L. Catilina Q. Catulo. Egregia tua fides, re cognita, grata mihi magnis in meis periculis, fiduciam commendationi meae tribuit. (2) Quam ob rem defensionem in nouo consilio non statui parare; satisfactionem, ex nulla conscientia de culpa, proponere decreui, quam, mediusfidius, ueram licet cognoscas. (3) Iniuriis contumeliisque concitatus, quod fructu laboris industriaeque meae priuatus statum dignitatis non obtinebam, publicam miserorum causam pro mea consuetudine suscepi, non quin aes alienum meis nominibus ex possessionibus soluere possem -et alienis nominibus liberalitas Orestillae suis filiaeque copiis persolueret- sed quod non dignos homines honore honestatos uidebam meque falsa suspicione alienatum esse sentiebam. (4) Hoc nomine satis honestas pro meo casu spes reliquae dignitatis conseruandae sum secutus. (5) Plura cum scribere uellem, nuntiatum est uim mihi parari. (6) Nunc Orestillam commendo tuaeque fidei trado, eam ab iniuria defendas per liberos tuos rogatus. Aueto."
XXXV
(1) “Lucio Catilina a Quinto Cátulo. Tu egregia fidelidad, conocida en la realidad, grata para mí en mis grandes peligros, me da confianza para mi recomendación. (2) Por este hecho decidí no preparar una defensa en mi nuevo plan; a partir de ninguna conciencia de culpa, he decidido ofrecerte unas explicación que, por fe de Júpiter, puedas reconocer como verdadera. (3) Forzado por injurias y ofensas, porque, privado del fruto de mi trabajo y de mi actividad, no mantenía mi estado de dignidad, tomé la causa pública de los desgraciados, según mi costumbre, no porque no pudiera pagar con mis posesiones las deudas a mi nombre (y las de otros nombres las liquidaría la generosidad de Orestila con sus riquezas y las de su hija), sino porque veía honrados con honor hombres no dignos y me sentía apartado por una falsa sospecha. (4) Con este título he conseguido esperanzas, bastante honestas en relación con mi situación, de conservar mi restante dignidad. (5) Aunque quisiera escribirte más cosas, se me anuncia que se prepara violencia contra mí. (6) Ahora te encomiendo a Orestila y la entrego a tu lealtad, que la defiendas de injuria, te lo ruego por tus hijos. Adiós.”


XXXVI
(1) Sed ipse paucos dies commoratus apud C. Flaminium in agro Arretino, dum uicinitatem antea sollicitatam armis exornat, cum fascibus atque aliis imperi insignibus in castra ad Manlium contendit. (2) Haec ubi Romae comperta sunt, senatus Catilinam et Manlium hostes iudicat, ceterae multitudini diem statuit, ante quam sine fraude liceret ab armis discederet, praeter rerum capitalium condemnatis. (3) Praeterea decernit uti consules dilectum habeant, Antonius cum exercitu Catilinam persequi maturet. Cicero urbi praesidio sit. (4) Ea tempestate mihi imperium populi Romani multo maxime miserabile uisum est. Cui cum ad occasum ab ortu solis omnia domita armis parerent, domi otium atque diuitiae, quae prima mortales putant, adfluerent, fuere tamen ciues qui seque remque publicam obstinatis animis perditum irent. (5) Namque duobus senati decretis ex tanta multitudine neque praemio inductus coniurationem patefecerat neque ex castris Catilinae quisquam omnium discesserat; tanta uis morbi ac ueluti tabes plerosque ciuium animos inuaserat.
XXXVI
(1) Pero él mismo, habiéndose detenido unos pocos días junto a Cayo Flaminio en el campo Arretino, mientras llena de armas la vecindad antes soliviantada, marcha con los haces y otras insignias del poder al campamento junto a Manlio. (2) Cuando se descubrieron estas cosas en Roma, el senado juzga a Catilina y a Manlio enemigos públicos, estableció para la restante multitud una fecha antes de la cual fuera lícito sin daño apartarse de las armas, excepto a los condenados a penas capitales. (3) Además decreta que los cónsules tengan una leva, que Antonio con su ejército se apresure a perseguir a Catilina, que Cicerón sirva de protección a la ciudad. (4) En esta ocasión me pareció el poder del pueblo romano, con mucho, el más digno de compasión. A éste, aunque desde el nacimiento del sol hasta su ocaso todas las cosas dominadas por las armas le obedecieran, en casa afluyesen el ocio y riquezas, cosas que los mortales juzgan las primeras, sin embargo, hubo ciudadanos que llegasen a perderse a sí mismos y a la república con sus obstinados ánimos. (5) En efecto, a pesar de los dos decretos del senado, de tan gran multitud nadie había descubierto la conjuración inducido por el premio ni se había marchado del campamento de Catilina; tan grande era la fuerza del mal que había invadido la mayoría de los espíritus de los ciudadanos como una epidemia.


XXXVII
(1) Neque solum illis aliena mens erat qui conscii coniurationis fuerant, sed omnino cuncta plebes nouarum rerum studio Catilinae incepta probabat. (2) Id adeo more suo uidebatur facere. (3) Nam semper in ciuitate quibus opes nullae sunt bonis inuident, malos extollunt, uetera odere, noua exoptant, odio suarum rerum mutari omnia student, turba atque seditionibus sine cura aluntur, quoniam egestas facile habetur sine damno. (4) Sed urbana plebes ea uero praeceps erat de multis causis. (5) Primum omnium, qui ubique probro atque petulantia maxime praestabant, item alii per dedecora patrimoniis amissis, postremo omnes, quos flagitium aut facinus domo expulerat, ei Romam sicut in sentinam confluxerant. (6) Deinde multi memores Sullanae uictoriae, quod ex gregariis militibus alios senatores uidebant, alios ita diuites ut regio uictu atque cultu aetatem agerent, sibi quisque, si in armis foret, ex uictoria talia sperabat. (7) Praeterea iuuentus, quae in agris manuum mercede inopiam tolerauerat, priuatis atque publicis largitionibus excita, urbanum otium ingrato labori praetulerat. Eos atque alios omnes malum publicum alebat. (8) Quo minus mirandum est homines egentes, malis moribus, maxima spe, rei publicae iuxta ac sibi consuluisse. (9) Praeterea quorum uictoria Sullae parentes proscripti, bona erepta, ius libertatis imminutum erat, haud sane alio animo belli euentum expectabant. (10) Ad hoc quicumque aliarum atque senatus partium erant, conturbari rem publicam quam minus ualere ipsi malebant. (11) Id adeo malum multos post annos in ciuitatem reuerterat.
XXXVII
(1) Y no sólo tenían la mente trastornada los que habían sido conocedores de la conjuración, sino que completamente toda la plebe aprobaba los proyectos de Catilina por su deseo de cosas nuevas. (2) Esto precisamente parecía hacerlo según su costumbre. (3) Pues siempre en una ciudad aquellos que no tienen ninguna riqueza, envidian a los buenos, ensalzan a los malvados, odian las cosas viejas, desean cosas nuevas, se afana en que se cambien todas las cosas por odio a sus propias situaciones, se alimentan sin cuidado de tumulto y sediciones, porque la miseria se se tiene fácilmente sin daño. (4) Pero la plebe de la ciudad, ésta verdaderamente se lanzaba de cabeza por muchas razones. (5) Lo primero de todo, los que en todos lados destacaban muchísimo por desvergüenza y osadía, asimismo otros, perdidos sus patrimonios por medio de actos deshonrosos, finalmente todos, a los que la infamia o un crimen había expulsado de su país, éstos habían confluido en Roma como en una sentina. (6) Luego, muchos que recordaban la victoria de Sila, porque veían a unos, senadores de simples soldados, a otros tan ricos que llevaban la vida en regio plan y manera, cada uno esperaba para sí de la victoria, si estuviera en armas, cosas de tal clase. (7) Además, la juventud que había tolerado en los campos la escasez con la recompensa de sus manos, excitada por las donaciones privadas y públicas, había preferido el ocio de la ciudad al ingrato trabajo. A estos y a todos los otros los alimentaba el mal público. (8) Por esto no es de extrañar que hombres necesitados, de malas costumbres, de máximas esperanzas, mirasen por la república tanto como por sí mismos. (9) Además, aquellos cuyos padres habían sido proscritos con la victoria de Sila, sus bienes confiscados, disminuido su derecho de libertad, esperaban el resultado de la guerra realmente con espíritu no distinto. (10) Además todos los que eran de otros partidos distintos al del senado preferían revolucionar la república a valer ellos menos. (11) Este mal ciertamente, después de muchos años, había retornado a la ciudad.


XXXVIII
(1) Nam postquam Cn. Pompeio et M. Crasso consulibus tribunicia potestas restituta est, homines adulescentes summam potestatem nacti, quibus aetas animusque ferox erat, coepere senatum criminando plebem exagitare, dein largiundo atque pollicitando magis incendere, ita ipsi clari potentesque fieri. (2) Contra eos summa ope nitebatur pleraque nobilitas, senatus specie, pro sua magnitudine. (3) Namque uti paucis uerum absoluam, post illa tempora quicumque rem publicam agitauere honestis nominibus, alii sicuti populi iura defenderent, pars quo senatus auctoritas maxima foret, bonum publicum simulantes pro sua quisque potentia certabant. (4) Neque illis modestia neque modus contentionis erat: utrique uictoriam crudeliter exercebant.
XXXVIII
(1) En efecto, después que les fue restituida a los cónsules Cneo Pompeyo y Marco Craso la potestad tribunicia, hombres adolescentes que habían alcanzado el sumo poder y que tenían edad y espíritu impetuosos, empezaron a agitar la plebe recriminando al senado, luego a encenderla más y más haciendo donaciones y prometiendo y a hacerse así ellos distinguidos y poderosos. (2) Contra éstos se esforzaba con la máxima energía la mayor parte de la nobleza por su grandeza, en apariencia por la grandeza del senado. (3) Pues para explicar la verdad en pocas palabras, después de aquellos tiempos todos los que agitaron la república con pretextos honrados, unos como si defendieran los derechos del pueblo, la otra parte para que fuese máxima la autoridad del senado, fingiendo el bien público, luchaba cada cual por su propio poder. (4) Y no tenían moderación ni medida de la lucha: unos y otros ejercían cruelmente la victoria.


XXXIX
(1) Sed postquam Cn. Pompeius ad bellum maritimum atque Mithridaticum missus est, plebis opes imminutae paucorum potentia creuit. (2) Ei magistratus, prouincias aliaque omnia tenere: ipsi innoxii florentes sine metu aetatem agere ceterosque iudiciis terrere, quo plebem in magistratu placidius tractarent. (3) Sed ubi primum dubiis rebus nouandi spes oblata est, uetus certamen animos eorum adrexit. (4) Quodsi primo proelio Catilina superior aut aequa manu discessisset, profecto magna clades atque calamitas rem publicam obpressisset, neque illis, qui uictoriam adepti forent, diutius ea uti licuisset, quin defessis et exanguibus qui plus posset imperium atque libertatem extorqueret. (5) Fuere tamen extra coniurationem complures, qui ad Catilinam initio profecti sunt. In eis erat Fuluius, senatoris filius, quem retractum ex itinere parens necari iussit. (6) Isdem temporibus Romae Lentulus, sicuti Catilina praeceperat, quoscumque moribus aut fortuna nouis rebus idoneos credebat, aut per se aut per alios sollicitabat, neque solum ciuis, sed cuiusque modi genus hominum, quod modo bello usui foret.
XXXIX
(1) Pero después que Cneo Pompeyo fue enviado a la guerra marítima y a la de Mitrídates, que fueron reducidas las fuerzas de la plebe, creció el poder de unos pocos. (2) Éstos tenían las magistraturas, las provincias y todas las demás cosas: ellos mismos inviolables, florecientes, pasaban su vida sin miedo y aterrorizaban a los demás con juicios, para que durante la magistratura tratasen a la plebe más a su placer.(3) Pero tan pronto como, en cosas dudosas, se presentó la esperanza de renovar, la vieja disputa volvió a regir los espíritus de aquéllos. (4) Y si en la primera batalla Catilina hubiese salido vencedor o con igual fuerza, realmente una gran catástrofe y calamidad habría oprimido la república, y no les hubiera sido lícito usar de ella más tiempo a aquellos que hubieran alcanzado la victoria, sin que uno que pudiera más arrancara a hombres maltrechos y agotados el poder y la libertad. (5) Hubo, sin embargo, muchos de fuera de la conjuración que se pasaron a Catilina en un principio. Entre éstos estaba Fulvio, hijo de un senador, a quien, hecho volver del camino, mandó matar su padre. (6) En esos mismos días en Roma, Léntulo, como había dispuesto Catilina, a todos los que creía por sus costumbres o por su fortuna aptos para las nuevas cosas, o por sí mismo o por otros los atraía, y no sólo ciudadanos, sino todo género de hombres de cualquier clase, con tal que sirvieran para la guerra.


XL
(1) Igitur P. Vmbreno cuidam negotium dat, uti legatos Allobrogum requirat eosque, si possit, impellat ad societatem belli, existimans publice priuatimque aere alieno oppressos; praeterea, quod natura gens Gallica bellicosa esset, facile eos ad tale consilium adduci posse. (2) Vmbrenus, quod in Gallia negotiatus erat, plerisque principibus ciuitatium notus erat atque eos nouerat. Itaque sine mora, ubi primum legatos in foro conspexit, percontatus pauca de statu ciuitatis et quasi dolens eius casum, requirere coepit quem exitum tantis malis sperarent. (3) Postquam illos uidet queri de auaritia magistratuum, accusare senatum quod in eo auxili nihil esset, miseriis suis remedium mortem expectare: "At ego" inquit "uobis, si modo uiri esse uultis, rationem ostendam, qua tanta ista mala effugiatis". (4) Haec ubi dixit, Allobroges in maximam spem adducti Vmbrenum orare ut sui misereretur: nihil tam asperum neque tam difficile esse, quod non cupidissime facturi essent, dum ea res ciuitatem aere alieno liberaret. (5) Ille eos in domum D. Bruti perducit, quod foro propinqua erat neque aliena consili propter Semproniam; nam tum Brutus ab Roma aberat. (6) Praeterea Gabinium arcessit, quo maior auctoritas sermoni inesset. Eo praesente coniurationem aperit, nominat socios, praeterea multos cuiusque generis, innoxios, quo legatis animus amplior esset; deinde eos pollicitos operam suam domum demittit.
XL
(1) Así pues, a un tal Publio Umbreno le da el encargo de que busque legados de los alóbroges y, si puede, los impulse a una alianza de guerra, pensando que habían sido oprimidos por deudas pública y privadamente; además, que, porque la raza gala era belicosa por naturaleza, fácilmente pueden ser llevados a una decisión de tal clase. (2) Umbreno, porque había comerciado en la Galia, era conocido por la mayoría de los jefes de las ciudades y los conocía. Así, sin demora, tan pronto como vio en el foro a los legados, habiendo preguntado unas pocas cosas de la situación de su ciudad y como doliéndose de su desgracia, empezó a preguntarles qué salida esperaban para tan grandes males. (3) Después que ve que aquellos se quejan de la avaricia de los magistrados, que acusan al senado porque en él nada había de ayuda, que esperan la muerte como remedio para sus miserias: “Pues yo”, les dijo, “si realmente queréis ser hombres, os mostraré el medio con que ahuyentéis esos tan grandes males”. (4) Cuando dijo estas cosas, los alóbroges, llevados a la más grande esperanza, pedían a Umbreno que se compadeciera de ellos: que nada había tan duro ni tan difícil, que no hubieran de hacer muy deseosamente, con tal de que ese hecho librase a su ciudad de las deudas. (5) Él los conduce a la casa de Décimo Bruto, porque estaba cercana al foro y, no era ajena al plan a causa de Sempronia; pues entonces Bruto estaba alejado de Roma. (6) Además hizo venir a Gabinio para que el discurso tuviera mayor autoridad. Estando presente éste, descubre la conjuración, nombra los cómplices, además a muchos de cualquier condición, inocentes, para que los embajadores tuvieran un espíritu más tranquilo; después, envía a su casa a estos que habían prometido su ayuda.


XLI
(1) Sed Allobroges diu in incerto habuere quidnam consili caperent. (2) In altera parte erat aes alienum, studium belli, magna merces in spe uictoriae, at in altera maiores opes, tuta consilia, pro incerta spe certa praemia. (3) Haec illis uoluentibus, tandem uicit fortuna rei publicae. (4) Itaque Q. Fabio Sangae, cuius patrocinio ciuitas plurimum utebatur, rem omnem uti cognouerant aperiunt. (5) Cicero, per Sangam consilio cognito, legatis praecipit ut studium coniurationis uehementer simulent, ceteros adeant, bene polliceantur, dentque operam uti eos quam maxime manifestos habeant.
XLI
(1) Pero los alóbroges tuvieron en duda largo tiempo qué decisión tomarían. (2) En una parte estaban las deudas, la afición a la guerra, una gran recompensa en la esperanza de la victoria, pero en la otra mayores fuerzas, planes seguros, premios ciertos en lugar de una incierta esperanza. (3) Meditando aquellos estas cosas, venció, al fin, la suerte de la república. (4) Y así descubren toda la cosa, según lo habían conocido, a Quinto Fabio Sanga, de cuyo patrocinio usaba mucho la ciudad. (5) Cicerón, conocido el plan a través de Sanga, ordena a los legados que finjan vehemente interés por la conjuración, que se presenten a los otros, que prometan bien y procuren tenerlos lo más descubiertos posible.


XLII
(1) Isdem fere temporibus in Gallia citeriore atque ulteriore, item in agro Piceno, Bruttio, Apulia motus erat. (2) Namque illi quos ante Catilina dimiserat, inconsulte ac ueluti per dementiam cuncta simul agebant: nocturnis consiliis, armorum atque telorum portationibus, festinando, agitando omnia plus timoris quam periculi effecerant. (3) Ex eo numero complures Q. Metellus Celer praetor ex senatus consulto causa cognita in uincula coniecerat, item in citeriore Gallia C. Murena, qui ei prouinciae legatus praeerat.
XLII
(1) Casi en estos mismos días, en la Galia citerior y ulterior, así como en el campo Piceno, en los Abruzzos, en Apulia había movimiento. (2) Pues aquellos que Catilina había enviado antes, hacían todas las cosas al mismo tiempo irreflexivamente y como por locura: con reuniones nocturnas, con traslados de armas defensivas y ofensivas, apresurándose, revolviendo todas las cosas habían obtenido como resultado más temor que peligro. (3) De este número, el pretor Quinto Metelo Céler, en virtud del senado consulto había metido en la cárcel a muchos, celebrado el juicio, e, igualmente, en la Galia citerior Cayo Murena, que gobernaba la provincia como legado.


XLIII
(1) At Romae Lentulus cum ceteris qui principes coniurationis erant, paratis ut uidebantur magnis copiis, constituerant uti, cum Catilina in agrum Faesulanum cum exercitu uenisset, L. Bestia tribunus plebis contione habita quereretur de actionibus Ciceronis bellique grauissimi inuidiam optimo consuli imponeret: eo signo proxima nocte cetera multitudo coniurationis suum quisque negotium exequeretur. (2) Sed ea diuisa hoc modo dicebantur: Statilius et Gabinius uti cum magna manu duodecim simul opportuna loca urbis incenderent, quo tumultu facilior aditus ad consulem ceterosque, quibus insidiae parabantur, fieret; Cethegus Ciceronis ianuam obsideret eumque ui aggrederetur; alius autem alium, sed filii familiarum, quorum ex nobilitate maxima pars erat, parentes interficerent, simul caede et incendio perculsis omnibus ad Catilinam erumperent. (3) Inter haec parata atque decreta Cethegus semper querebatur de ignauia sociorum: illos dubitando et dies prolatando magnas opportunitates corrumpere; facto, non consulto, in tali periculo opus esse seque, si pauci adiuuarent, languentibus aliis impetum in curiam facturum. (4) Natura ferox, uehemens, manus promptus erat; maximum bonum in celeritate putabat.
XLIII
(1) En cambio, en Roma, Léntulo con los otros que eran los primeros de la conjuración, preparadas, según les parecía, numerosas tropas, habían decidido que, cuando hubiese llegado Catilina al campo Fesulano con su ejército, el tribuno de la plebe Lucio Bestia, tenida una asamblea, se quejaría de la actuaciones de Cicerón y achacaría el deseo de una guerra gravísima a un cónsul óptimo: con esta señal, la noche siguiente, la restante multitud de la conjuración desempeñaría su tarea, cada uno la suya. (2) Pero éstas se decían divididas de este modo: Estatilio y Gabinio, que incendiaran, con un gran tropa, al mismo tiempo doce lugares escogidos de la ciudad, para que con el tumulto se hiciera más fácil el acceso hasta el cónsul y aquellos otros, para los que estaban preparadas emboscadas; Cetego, que forzara la puerta de Cicerón y que lo atacara con violencia; que cada uno, a su vez, a uno, pero los hijos de familia, cuya mayor parte era de la nobleza, que mataran a sus padres, al mismo tiempo, revueltas todas las cosas por las matanza y el incendio, que se abrieran paso hasta Catilina. (3) Entre estas cosas preparadas y decididas, Cetego se quejaba siempre de la apatía de sus socios: que, dudando y dilatando fechas, echaban a perder grandes oportunidades; que había necesidad, en peligro de tal clase, de obrar, no de meditar, y que él, si le ayudaban unos pocos, haría un ataque contra el senado, permaneciendo inactivos los demás. (4) Por naturaleza era fogoso, vehemente, diligente de mano; consideraba el máximo bien en la rapidez.


XLIV
(1) Sed Allobroges ex praecepto Ciceronis per Gabinium ceteros conueniunt. Ab Lentulo, Cethego, Statilio, item Cassio postulant iusiurandum, quod signatum ad ciues perferant: aliter haud facile eos ad tantum negotium impelli posse. (2) Ceteri nihil suspicantes dant: Cassius semet eo breui uenturum pollicetur ac paulo ante legatos ex urbe proficiscitur. (3) Lentulus cum eis T. Volturcium quendam Crotoniensem mittit, ut Allobroges, priusquam domum pergerent, cum Catilina data atque accepta fide societatem confirmarent. (4) Ipse Volturcio litteras ad Catilinam dat, quarum exemplum infra scriptum est.
(5) "Quis sim, ex eo quem ad te misi cognosces. Fac cogites in quanta calamitate sis, et memineris te uirum esse. Consideres quid tuae rationes postulent. Auxilium petas ab omnibus, etiam ab infimis."
(6) Ad hoc mandata uerbis dat: cum ab senatu hostis iudicatus sit, quo consilio seruitia repudiet?; in urbe parata esse quae iusserit; ne cunctetur ipse propius adcedere.
XLIV
(1) Pero los alóbroges, según la orden de Cicerón, encuentran a los otros por medio de Gabinio. De Léntulo, Cetego, Estatilio e igualmente de Casio piden un juramento, que puedan llevar firmado a sus conciudadanos: que de otro modo éstos no fácilmente podían ser impulsados a una empresa tan grande. (2) Los otros, que nada sospechan, lo dan: Casio promete que él mismo en breve irá allí y poco antes que los legados, marcha de la ciudad. (3) Léntulo envía con ellos a un tal Tito Volturcio, de Crotona, para que los alóbroges, antes de continúen hacia su país, confirmaran con Catilina la sociedad, dada y recibida fidelidad. (4) Él mismo da a Volturcio una carta para Catilina, cuya copia se escribió más abajo:
(5) “Quién soy, lo sabrás por aquél que he enviado a ti. Piensa en cuán gran peligro estás y recuerda que tú eres un hombre. Considera qué piden tus intereses. Busca auxilio de todos, incluso de los más bajos.”
(6) Además le da recados con palabras: que ya que ha sido declarado enemigo público por el senado, ¿por qué razón ha de repudiar los esclavos?; que en la ciudad han sido preparadas las cosas que había ordenado; que no se retrase él mismo más en acercarse.


XLV
(1) His rebus ita actis, constituta nocte qua proficiscerentur, Cicero, per legatos cuncta edoctus, L. Valerio Flacco et C. Pomptino praetoribus imperat ut in ponte Muluio per insidias Allobrogum comitatus deprehendant. Rem omnem aperit, cuius gratia mittebantur; cetera, uti facto opus sit, ita agant permittit. (2) Illi, homines militares, sine tumultu praesidiis collocatis, sicuti praeceptum erat, occulte pontem obsidunt. (3) Postquam ad id loci legati cum Volturcio uenerunt et simul utrimque clamor eortus est, Galli, cito cognito consilio, sine mora praetoribus se tradunt; (4) Volturcius primo cohortatus ceteros gladio se a multitudine defendit, deinde ubi a legatis desertus est, multa prius de salute sua Pomptinum obtestatus, quod ei notus erat, postremo timidus ac uitae diffidens uelut hostibus sese praetoribus dedit.
XLV
(1) Hechas estas cosas así, decidida la noche en que marcharían, Cicerón, enterado de todas las cosas por los legados, ordena a los pretores Lucio Valerio Flaco y Cayo Pomptino que detengan en el puente Mulvio a las comitivas de los alóbroges por medio de emboscadas. Les descubre todo el asunto, por el que se les envía; permite que las demás cosas las hagan así como haya necesidad de hacerse. (2) Aquéllos, hombres militares, colocadas las fuerzas sin ruido, tal como les había sido ordenado, rodean ocultamente el puente. (3) Después que a esta parte del lugar los legados con Volturcio llegaron y, al mismo tiempo, por uno y otro lado surgió el clamor, los galos, conocido el plan rápidamente, se entregan sin demora a los pretores; (4) Volturcio exhortando primeramente a los demás se defiende de la multitud con su espada; más tarde cuando fue abandonado por los embajadores, suplicando antes mucho a Pomptino, porque le había sido conocido, sobre su salvación, finalmente, temeroso y desconfiando de su vida, se entregó a los pretores como a enemigos.


XLVI
(1) Quibus rebus confectis, omnia propere per nuntios consuli declarantur. (2) At illum ingens cura atque laetitia simul occupauere. Nam laetabatur intellegens, coniuratione patefacta, ciuitatem periculis ereptam esse; porro autem anxius erat, dubitans in maximo scelere tantis ciuibus deprehensis quid facto opus esset: poenam illorum sibi oneri, impunitatem perdundae rei publicae fore credebat. (3) Igitur confirmato animo uocari ad sese iubet Lentulum, Cethegum, Statilium, Gabinium itemque Caeparium Terracinensem, qui in Apuliam ad concitanda seruitia proficisci parabat. (4) Ceteri sine mora ueniunt, Caeparius paulo ante domo egressus cognito indicio ex urbe profugerat. (5) Consul Lentulum, quod praetor erat, ipse manu tenens in senatum perducit, reliquos cum custodibus in aedem Concordiae uenire iubet. (6) Eo senatum aduocat magnaque frequentia eius ordinis Volturcium cum legatis introducit, Flaccum praetorem scrinium cum litteris, quas a legatis acceperat, eodem adferre iubet.
XLVI
(1) Terminadas estas cosas, rápidamente se le comunica todo al cónsul por medio de mensajeros. (2) Pero a aquél lo invadieron al mismo tiempo una ingente preocupación y alegría. Pues se alegraba comprendiendo que, descubierta la conjuración, la ciudad había sido librada de peligros; más tarde, en cambio, estaba preocupado dudando qué había necesidad de hacer con tantos ciudadanos cogidos en el máximo delito: creía que el castigo de aquéllos sería una carga para él, que su impunidad serviría para perder la república. (3) Así pues, reafirmado su espíritu manda que se presenten a él Léntulo, Cetego, Estatilio, Gabinio e, igualmente, Cepario de Terracina, que se disponía a marchar a Apulia para sublevar a los esclavos. (4) Los otros vienen sin tardanza, Cepario, que había salido de su casa poco antes, conocida la denuncia, había huido de la ciudad. (5) El cónsul conduce al senado a Léntulo, porque era pretor, teniéndolo él mismo de la mano, manda que los restantes vengan con guardias al templo de la Concordia. (6) Convoca allí al senado y con gran asistencia de este orden presenta a Volturcio con los legados, ordena que el pretor Flaco le lleve allí mismo el cofre con la carta, que había cogido de los legados.


XLVII
(1) Volturcius interrogatus de itinere, de litteris, postremo quid aut qua de causa consili habuisset, primo fingere alia, dissimulare de coniuratione; post ubi fide publica dicere iussa est, omnia uti gesta erant aperit docetque se, paucis ante diebus a Gabinio et Caepario socium adscitum, nihil amplius scire quam legatos, tantummodo audire solitum ex Gabinio, P. Autronium, Ser. Sullam, L. Vargunteium, multos praeterea in ea coniuratione esse. (2) Eadem Galli fatentur ac Lentulum dissimulantem coarguunt praeter litteras sermonibus, quos ille habere solitus erat, ex libris Sibyllinis regnum Romae tribus Corneliis portendi: Cinnam atque Sullam antea, se tertium esse, cui fatum foret urbis potiri. Praeterea ab incenso Capitolio illum esse uigesimum annum, quem saepe ex prodigiis haruspices respondissent bello ciuili cruentum fore. (3) Igitur, perlectis litteris, cum prius omnes signa sua cognouissent, senatus decernit uti, abdicato magistratu, Lentulus itemque ceteri in liberis custodiis habeantur. (4) Itaque Lentulus P. Lentulo Spintheri, qui tum aedilis erat, Cethegus Q. Cornificio, Statilius C. Caesari, Gabinius M. Crasso, Caeparius - nam is paulo ante ex fuga retractus erat- Cn. Terentio senatori traduntur.
XLVII
(1) Volturcio, interrogado acerca de su viaje, acerca de la carta, finalmente sobre qué plan había tenido o por qué causa, primero fingía otras cosas, disimulaba sobre la conjuración; después, cuando se le mandó hablar bajo fidelidad pública, descubre todas las cosas según se habían hecho y muestra que él, admitido como socio pocos días antes por Gabinio y Cepario, no sabía más que los legados, que solamente solía oír de Gabinio que en esta conjuración estaban Publio Autronio, Servio Sila, Lucio Vargunteyo, además muchos más. (2) Las mismas cosas dicen los galos y acusan a Léntulo, disimulante, además de la carta por unas conversaciones que él solía tener, de que según los libros sibilinos se presagiaba el reino de Roma para tres Cornelios: que Cinna y Sila habían sido antes, que él era el tercero que tendría el destino de regir la ciudad. Además que, desde el incendio del Capitolio, aquel era el año vigésimo, que a menudo los harúspices por prodigios habían dictaminado que sería cruento por una guerra civil. (3) Así pues, leída la carta, como antes ya todos hubieran reconocido sus sellos, el senado decreta que Léntulo, abdicada la magistratura, y los otros, igualmente, sean tenidos en arrestos libres. (4) Así pues, son entregados Léntulo a Publio Léntulo Espínter, que era entonces edil, Cetego a Quinto Cornificio, Estatilio a Gayo César, Gabinio a Marco Craso, Cepario (pues éste había sido hecho volver poco antes de su fuga) al senador Gneo Terencio.


XLVIII
(1) Interea plebes coniuratione patefacta, quae primo cupida rerum nouarum nimis bello fauebat, mutata mente, Catilinae consilia execrari, Ciceronem ad caelum tollere: ueluti ex seruitute erepta, gaudium atque laetitiam agitabat. (2) Namque alia belli facinora praedae magis quam detrimento fore, incendium uero crudele immoderatum ac sibi maxime calamitosum putabat, quippe cui omnes copiae in usu cotidiano et cultu corporis erant. (3) Post eum diem quidam L. Tarquinius ad senatum adductus erat, quem ad Catilinam proficiscentem ex itinere retractum aiebant. (4) Is cum se diceret indicaturum de coniuratione, si fides publica data esset, iussus a consule quae sciret edicere, eadem fere quae Volturcius de paratis incendiis, de caede bonorum, de itinere hostium senatum docet; praeterea se missum a M. Crasso qui Catilinae nuntiaret ne eum Lentulus et Cethegus aliique ex coniuratione deprehensi terrerent, eoque magis properaret ad urbem adcedere, quo et ceterorum animos reficeret et illi facilius e periculo eriperentur. (5) Sed ubi Tarquinius Crassum nominauit, hominem nobilem, maximis diuitiis, summa potentia, alii rem incredibilem rati, pars tametsi uerum existimabant, tamen -quia in tali tempore tanta uis hominis magis leniunda quam exagitanda uidebatur- plerique Crasso ex negotiis priuatis obnoxii conclamant indicem falsum esse deque ea re postulant uti referatur. (6) Itaque consulente Cicerone frequens senatus decernit Tarquini indicium falsum uideri eumque in uinculis retinendum neque amplius potestatem faciundam, nisi de eo indicaret, cuius consilio tantam rem esset mentitus. (7) Erant eo tempore qui existimarent indicium illud a P. Autronio machinatum, quo facilius appellato Crasso per societatem periculi reliquos illius potentia tegeret. (8) Alii Tarquinium a Cicerone immissum aiebant, ne Crassus more suo suscepto malorum patrocinio rem publicam conturbaret. (9) Ipsum Crassum ego postea praedicantem audiui tantam illam contumeliam sibi a Cicerone impositam.
XLVIII
(1) En tanto, descubierta la conjuración, la plebe, que primero, deseosa de cosas nuevas, favorecía demasiado la guerra, cambiada su mente, maldecía los planes de Catilina, levantaba a Cicerón al cielo: como arrancada de la esclavitud, mostraba su gozo y alegría. (2) Pues pensaba que otros hechos de guerra servirían más de de botín que de daño, pero que un incendio cruel sería algo incontenible y muy calamitoso para ellos, como corresponde a quien tenía todas sus riquezas en el uso y cuidado cotidianos del cuerpo. (3) Después de este día había sido llevado al senado un tal Lucio Tarquinio, que decían que había sido hecho volver del camino marchando hacia a Catilina. (4) Como éste dijera que él haría revelaciones sobre la conjuración, si se le hubiera dado fidelidad pública, mandado por el cónsul le mandó decir las cosas que supiera, declara al senado las mismas cosas casi que Volturcio sobre los incendios preparados, las matanzas de buenos, sobre el camino de los enemigos; además, que é1 había sido enviado por Marco Craso para anunciara a Catilina que no lo asustasen Léntulo, ni Cetego ni los otros detenidos de la conjuración y que por esto se apresurase más a la ciudad, para rehacer los espíritus de los restantes y para que aquellos fuesen arrebatados más fácilmente del peligro. (5) Pero cuando Tarquinio nombró a Craso, hombre noble, de grandísimas riquezas, de sumo poder, unos lo juzgaron hecho increíble, otra parte aunque lo estimaba verdad, sin embargo (porque en tal ocasión más parecía que había que calmar la fuerza tan grande de aquel hombre que provocarla) la mayoría, obligados a Craso por negocios privados, grita que el delator es falso y pide que se delibere acerca de este asunto. (6) Así pues, consultándolo Cicerón, un senado numeroso decreta que la delación de Tarquino parece falsa y que éste debe ser tenido en la cárcel y que no le ha de ser dado más poder, si no declarara sobre aquél, por cuyo consejo hubiera dicho falsamente una cosa tan grande. (7) Había en aquella ocasión quienes pensaran que aquella delación había sido maquinada por Publio Autronio para que más fácilmente, mencionado Craso, su poder protegiese a los otros por la comunidad. del peligro. (8) Otros decían que Tarquinio había sido enviado por Cicerón, para que Craso no perturbase la república, tomada, según su costumbre, la protección de los malvados. (9) Yo mismo, después, oí al propio Craso diciendo que aquella tan grande ofensa le había sido inferida por Cicerón.


XLIX
(1) Sed isdem temporibus Q. Catulus et C. Piso neque precibus neque gratia neque pretio Ciceronem impellere potuere, uti per Allobroges aut alium indicem C. Caesar falso nominaretur. (2) Nam uterque cum illo graues inimicitias exercebant: Piso oppugnatus in iudicio pecuniarium repetundarum propter cuiusdam Transpadani supplicium iniustum, Catulus ex petitione pontificatus odio incensus, quod extrema aetate, maximis honoribus usus, ab adulescentulo Caesare uictus discesserat. (3) Res autem opportuna uidebatur, quod is priuatim egregia liberalitate, publice maximis muneribus grandem pecuniam debebat. (4) Sed ubi consulem ad tantum facinus impellere nequeunt, ipsi singillatim circumeundo atque ementiundo quae se ex Volturcio aut Allobrogibus audisse dicerent, magnam illi inuidiam conflauerant, usque eo ut nonnulli equites Romani, qui praesidi causa cum telis erant circum aedem Concordiae, seu periculi magnitudine seu animi mobilitate impulsi, quo studium suum in rem publicam clarius esset, egredienti ex senatu Caesari gladio minitarentur.
XLIX
(1) Pero por los mismos tiempos Quinto Cátulo y Cayo Pisón no pudieron impulsar a Cicerón ni por ruegos ni por favor ni por dinero a que por medio de los alóbroges u otro delator fuese nombrado falsamente Cayo César. (2) Pues uno y otro tenían con él graves enemistades: Pisón atacado en un juicio por concusión, por el injusto suplicio de un traspadano; Cátulo, encendido de odio desde su elección para el pontificado máximo, porque siendo su edad avanzada, habiendo usado de los máximos honores, se había retirado vencido por el joven César. (3) La cosa, por lo demás, parecía oportuna porque éste debía mucho dinero por su extraordinaria liberalidad en la vida privada, por sus grandísimas donaciones en su vida pública. (4) Pero cuando no puede impulsar al cónsul a tan gran crimen, ellos en persona, yendo cada uno por su lado y mintiendo cosas que decían que ellos habían oído de Volturcio o de los alóbroges, habían acumulado una gran envidia contra aquél, hasta el punto de que algunos caballeros romanos, que estaban con armas por causa de protección en torno al templo de la Concordia, impulsados por la magnitud del peligro o por la ligereza de su espíritu, amenazasen con su espada a César que salía del senado, para que fuese más clara su preocupación hacia la república.


L
(1) Dum haec in senatu aguntur et dum legatis Allobrogum et T. Volturcio, comprobato eorum indicio, praemia decernuntur, liberti et pauci ex clientibus Lentuli diuersis itineribus opifices atque seruitia in uicis ad eum eripiundum sollicitabant, partim exquirebant duces multitudinem, qui pretio rem publicam uexare soliti erant. (2) Cethegus autem per nuntios familiam atque libertos suos lectos et exercitatos orabat in audaciam ut grege facto cum telis ad sese irrumperent. (3) Consul ubi ea parari cognouit, dispositis praesidibus ut res atque tempus monebat, conuocato senatu refert quid de eis fieri placeat, qui in custodiam traditi erant. Sed eos paulo ante frequens senatus iudicauerat contra rem publicam fecisse. (4) Tum D. Iunius Silanus primus sententiam rogatus, quod eo tempore consul designatus erat, de eis qui in custodiis tenebantur et praeterea de L. Cassio, P. Furio, P. Vmbreno, Q. Annio, si deprehensi forent supplicium sumundum decreuerat; isque postea, permotus oratione C. Caesaris, pedibus in sententiam Ti. Neronis iturum se dixerat, qui de ea re praesidiis additis referendum censuerat. (5) Sed Caesar, ubi ad eum uentum est, rogatus sententiam a consule huiuscemodi uerba locutus est:
L
(1) Mientras se hacen estas cosas en el senado y mientras se decretan premios para los legados de los alóbroges y a Tito Volturcio, comprobada la delación de estos, unos libertos y unos pocos de los clientes de Léntulo por diversos caminos atraían artesanos y esclavos en los barrios para libertarlo, y otra parte buscaban jefes de bandas, que estaban acostumbrados a alterar la república por dinero. (2) Cetego, a su vez, por medio de mensajeros pedía a su servidumbre y a los libertos suyos seleccionados y ejercitados para la audacia, que, formada una columna, se abriesen paso con armas hasta él. (3) El cónsul, cuando supo que se preparaban estas cosas, colocadas las guardias como la cosa y el tiempo aconsejaban, convocado el senado, le consulta qué estima haber de hacerse con los que habían sido entregados para custodia. Pero poco antes un senado numeroso había juzgado que éstos habían actuado contra la república. (4) Entonces Decio Junio Silano, preguntado su parecer el primero porque en aquel tiempo había sido designado cónsul, había decretado que debían ser condenados a muerte los que estaban detenidos y además Lucio Casio, Publio Furio, Publio Umbreno y Quinto Annio, si hubieran sido detenidos; y él, después, conmovido por el discurso de Cayo César, había dicho que él adhería a la sentencia de Tiberio Nerón, que había opinado que se consultase sobre esta cosa, aumentadas las guardias. (5) Pero César, cuando se llegó a él, consultado por el cónsul, dijo unas palabras de este modo:


LI
(1) "Omnes homines, patres conscripti, qui de rebus dubiis consultant, ab odio, amicitia, ira atque misericordia uacuos esse decet. (2) Haud facile animus uerum prouidet, ubi illa officiunt, neque quisquam omnium lubidini simul et usui paruit. (3) Vbi intenderis ingenium, ualet; si lubido possidet, ea dominatur, animus nihil ualet. (4) Magna mihi copia est memorandi, patres conscripti, quae reges atque populi ira aut misericordia impulsi male consuluerint. Sed ea malo dicere, quae maiores nostri contra lubidinem animi sui recte atque ordine fecere. (5) Bello Macedonico quod cum rege Perse gessimus, Rhodiorum ciuitas magna atque magnifica, quae populi Romani opibus creuerat, infida et aduersa nobis fuit. Sed postquam bello confecto de Rhodiis consultum est, maiores nostri, ne quis diuitiarum magis quam iniuriae causa bellum inceptum diceret, impunitos eos dimisere. (6) Item bellis Punicis omnibus cum saepe Carthaginienses et in pace et per indutias multa nefaria facinora fecissent, numquam ipsi per occasionem talia fecere: magis quid se dignum foret quam quid in illos iure fieri posset quaerebant. (7) Hoc item uobis prouidendum est, patres conscripti, ne plus apud uos ualeat P. Lentuli et ceterorum scelus quam uestra dignitas neu magis irae uestrae quam famae consulatis. (8) Nam si digna poena pro factis eorum reperitur nouum consilium adprobo; sin magnitudo sceleris omnium ingenia exuperat, eis utendum censeo quae legibus comparata sunt. (9) Plerique eorum, qui ante me sententias dixerunt, composite atque magnifice casum rei publicae miserati sunt. Quae belli saeuitia esset, quae uictis acciderent, enumerauere: rapi uirgenes, pueros, diuelli liberos a parentum complexu, matres familiarum pati quae uictoribus conlubuissent, fana atque domos spoliari, caedem, incendia fieri, postremo armis, cadaueribus, cruore atque luctu omnia compleri. (10) Sed per deos inmortales, quo illa oratio pertinuit? An uti uos infestos coniurationi faceret? Scilicet quem res tanta et tam atrox non permouit, eum oratio accendet. (11) Non ita est, neque cuiquam mortalium iniuriae suae paruae uidentur: multi eas grauius aequo habuere. (12) Sed alia aliis licentia est, patres conscripti. Qui demissi in obscuro uitam habent, si quid iracundia deliquere pauci sciunt, fama atque fortuna eorum pares sunt; qui magno imperio praediti in excelso aetatem agunt, eorum facta cuncti mortales nouere. Ita in maxima fortuna minima licentia est. (13) Neque studere neque odisse, sed minime irasci decet. (14) Quae apud alios iracundia dicitur, ea in imperio superbia atque crudelitas appellatur. (15) Equidem ego sic existimo, patres conscripti, omnes cruciatus minores quam facinora illorum esse. Sed plerique mortales postrema meminere, et in hominibus impiis, sceleris eorum obliti, de poena disserunt si ea paulo seuerior fuit. (16) D. Silanum uirum fortem atque strenuum certo scio quae dixerit studio rei publicae dixisse neque illum in tanta re gratiam aut inimicitias exercere: eos mores eamque modestiam uiri cognoui. (17) Verum sententia eius mihi non crudelis (quid enim in tales homines crudele fieri potest?) sed aliena a re publica nostra uidetur. (18) Nam profecto aut metus aut iniuria te subegit, Silane, consulem designatum genus poenae nouum decernere. (19) De timore superuacaneum est disserere, cum praesertim diligentia clarissimi uiri consulis tanta praesidia sint in armis. (20) De poena possum equidem dicere id quod res habet, in luctu atque miseriis mortem aerumnarum requiem non cruciatum esse; eam cuncta mortalium mala dissoluere; ultra neque curae neque gaudio locum esse. (21) Sed, per deos immortales, quam ob rem in sententiam non addidisti uti prius uerberibus in eos animaduerteretur? (22) An quia lex Porcia uetat? At aliae leges item condemnatis ciuibus non animam eripi sed exilium permitti iubent. (23) An quia grauius est uerberari quam necari? Quid autem acerbum aut nimis graue est in homines tanti facinoris conuictos? (24) Sin quia leuius est, qui conuenit in minore negotio legem timere, cum eam in maiore neglegeris? (25) At enim quis reprehendet, quod in parricidas rei publicae decretum erit? Tempus, dies, fortuna, cuius lubido gentibus moderatur. Illis merito accidet quidquid euenerit. (26) Ceterum uos, patres conscripti, quid in alios statuatis considerate. (27) Omnia mala exempla ex rebus bonis orta sunt. Sed ubi imperium ad ignaros eius aut minus bonos peruenit, nouum illud exemplum ab dignis et idoneis ad indignos et non idoneos transfertur. (28) Lacedaemonii deuictis Atheniensibus triginta uiros imposuere qui rem publicam eorum tractarent. (29) Ei primo coepere pessimum quemque et omnibus inuisum indemnatum necare. Ea populus laetari et merito dicere fieri. (30) Post, ubi paulatim licentia creuit, iuxta bonos et malos lubidinose interficere, ceteros metu terrere: (31) ita ciuitas seruitute oppressa stultae laetitiae graues poenas dedit. (32) Nostra memoria uictor Sulla cum Damasippum et alios eiusmodi, qui malo rei publicae creuerant, iugulari iussit, quis non factum eius laudabat? Homines scelestos et factiosos, qui seditionibus rem publicam exagitauerant, meritos necatos aiebant. (33) Sed ea res magnae initium cladis fuit. Nam uti quisque domum aut uillam postremo uas aut uestimentum alicuius concupiuerat, dabat operam ut is in proscriptorum numero esset. (34) Ita illi, quibus Damasippi mors laetitia fuerat, paulo post ipsi trahebantur; neque prius finis iugulandi fuit quam Sulla omnes suos diuitiis expleuit. (35) Atque ego haec non in M. Tullio neque his temporibus uereor; sed in magna ciuitate multa et uaria ingenia sunt. (36) Potest alio tempore, alio consule, cui item exercitus in manu sit, falsum aliquid pro uero credi: ubi hoc exemplo per senatus decretum consul gladium eduxerit, quis illi finem statuet aut quis moderabitur? (37) Maiores nostri, patres conscripti, neque consili neque audaciae umquam eguere, neque illis superbia obstabat quo minus aliena instituta, si modo proba erant, imitarentur. (38) Arma atque tela militaria ab Samnitibus, insignia magistratuum ab Tuscis pleraque sumpserunt. Postremo quod ubique apud socios aut hostes idoneum uidebatur, cum summo studio domi exequebantur; imitari quam inuidere bonis malebant. (39) Sed eodem illo tempore Graeciae morem imitati uerberibus animaduertebant in ciues, de condemnatis summum supplicium sumebant. (40) Postquam res publica adoleuit et multitudine ciuium factiones ualuere, circumueniri innocentes, alia huiuscemodi fieri coepere, tum lex Porcia aliaeque leges paratae sunt, quibus legibus exilium damnatis permissum est. (41) Hanc ego causam, patres conscripti, quo minus nouum consilium capiamus, imprimis magnam puto. (42) Profecto uirtus atque sapientia maior illis fuit, qui ex paruis opibus tantum imperium fecere, quam in nobis, qui ea bene parta uix retinemus. (43) Placet igitur eos dimitti et augeri exercitum Catilinae? Minime. Sed ita censeo, publicandas eorum pecunias, ipsos in uinculis habendos per municipia quae maxime opibus ualent, neu quis de eis postea ad senatum referat neue cum populo agat; qui aliter fecerit, senatum existimare eum contra rem publicam et salutem omnium facturum."
LI
(1) “Es conveniente que todos los hombres, padres conscriptos, que deliberan sobre cosas dudosas, estén vacíos de odio, amistad, ira y misericordia. (2) No fácilmente prevé el espíritu la verdad, cuando aquellas cosas estorban, y nadie obedeció al mismo tiempo a su deseo y a su interés. (3) Cuando has puesto atención, el espíritu vale; si posee la pasión, si ésta domina, no vale nada. (4) Tengo gran posibilidad de recordar, padres conscriptos, qué cosas han resuelto mal reyes y pueblos impulsados por la ira o por la misericordia. Pero prefiero decir aquellas cosas que hicieron nuestros mayores contra el deseo de su espíritu recta y ordenadamente. (5) En la guerra macedónica, que hicimos con el rey Perseo, la grande y magnífica ciudad de rodios, que había crecido con las ayudas del pueblo romano, nos fue desleal y adversa. Pero después que, terminada la guerra, se deliberó sobre los rodios, nuestros mayores, para que nadie dijera que se había empezado la guerra más por causa de sus riquezas que de su injuria, los dejaron impunes. (6) Igualmente, en todas las guerras púnicas, habiendo hecho a menudo los cartagineses muchos crímenes nefandos no sólo en la paz sino también durante las treguas, ellos mismos nunca hicieron cosas de tal clase a pesar de la ocasión: buscaban más qué sería digno de ellos que qué podrían hacerse con derecho contra aquellos. (7) Igualmente esto debe ser previsto por vosotros, padres conscriptos, para que no pueda más ante vosotros el crimen de Publio Léntulo y de los demás que vuestra dignidad ni tengáis en cuenta vuestra cólera más que vuestro prestigio. (8) Pues si se encuentra un castigo digno con relación a sus hechos, apruebo esta decisión nueva; pero si la magnitud del crimen supera los ingenios de todos, estimo que ha de usarse de estas cosas que han sido establecidas por las leyes.

(9) Muchos de aquellos, que dijeron sus opiniones antes de mí, lamentaron ordenada y magníficamente la desgracia de la república. Cuál sería la crueldad de la guerra, qué ocurriría a los vencidos, enumeraron: ser robados doncellas, muchachos, ser arrancados hijos del abrazo de sus padres, soportar las madres de familia las cosas que les agradaran a los vencedores, ser despojados templos y casas, hacerse matanza, incendios, en resumen, llenarse todas las cosas de armas, de cadáveres, de sangre y de luto.

(10) Pero, por los dioses inmortales, ¿a dónde llevó aquel discurso? ¿Acaso a haceros enemigos de la conjuración? Sin duda, a quien no conmovió tan grave y atroz cosa lo encenderá un discurso. (11) No es así, y a ninguno de los mortales le parecen pequeñas las sus injurias: muchos las estimaron con más rigor de lo justo. (12) Pero hay una libertad para cada uno, padres conscriptos. Los que tienen su vida hundidos en lo oscuro, si por ira delinquieron en algo, pocos lo saben, su fama y su fortuna son iguales; los que pasan su vida en lo alto, dotados de un gran poder, sus hechos conocieron todos los mortales. Así, en máxima fortuna hay mínima libertad. (13) Conviene no sentir afición ni odiar, pero mucho menos airarse. (14) La que en otros se llama iracundia, ésta en el poder se llama soberbia y crueldad. (15) Ciertamente así yo estimo, padres conscriptos, que todos los suplicios son menores que los delitos de aquéllos. Pero muchos mortales recuerdan las últimas cosas y en el caso de hombres malvados, olvidados de su delito, comentan del castigo si éste fue un poco demasiado severo.

(16) Sé ciertamente que las cosas que ha dicho Decio Silano, varón firme y enérgico, las ha dicho por amor a la república y que en tan gran asunto no lo han movido el favor ni las enemistades: reconocí que éstas son las costumbres de este hombre y ésta su moderación. (17) Pero su opinión me parece a mí no cruel (pues ¿qué puede hacerse cruel contra unos hombres de tal clase?) sino impropia de nuestra república. (18) Pues, ciertamente, o el miedo o la injuria te obligó, Silano, como cónsul designado, a decretar un nuevo tipo de castigo. (19) De temor es superfluo hablar, sobre todo cuando por la diligencia de nuestro cónsul, hombre preclaro, hay tantas guardias en armas. (20) Del castigo, ciertamente, puedo decir lo que tiene el hecho, que en el luto y las miserias la muerte es el descanso de las penas, no un suplicio; que esta disuelve todos los males de los mortales; que más allá no hay lugar ni para la preocupación ni para la alegría. (21) Pero, por los dioses inmortales, ¿por qué no añadiste a tu parecer que antes se castigara a estos con azotes? (22) ¿Acaso porque lo prohibe la ley Porcia? Pero otras leyes, igualmente, ordenan que no se quite la vida a los ciudadanos condenados, sino que se les permita el exilio. (23) ¿Acaso porque es más grave ser azotado que ser matado? En cambio, ¿qué hay cruel o demasiado grave contra hombres convictos de un crimen tan grande? (24) Pero si es porque es más leve, ¿cómo es lógico temer a la ley en un asunto menor, cuando en uno mayor la has despreciado?

(25) Pero, en efecto, ¿quién nos reprenderá, porque se haya dado un decreto contra los parricidas de la república? El tiempo, los días, la fortuna, cuyo capricho rige los pueblos. A aquéllos merecidamente les sucederá lo que les haya sucedido. (26) Por lo demás, vosotros, padres conscriptos, considerad qué vais a establecer para otros. (27) Todos los malos ejemplos surgieron de cosas buenas. Pero cuando el poder llega a ignorantes de él o menos buenos, aquel ejemplo nuevo se traslada de dignos e idóneos a indignos y no idóneos. (28) Los lacedemonios impusieron a los vencidos atenienses treinta hombres, para que rigiesen su república. (29) Éstos, primero, empezaron por matar a todo hombre pésimo y odioso a todos, sin hacerle juicio. El pueblo se alegraba de estas cosas y decía que se hacía merecidamente. (30) Después, cuando poco a poco creció la licencia, mataban tanto a buenos como a malos caprichosamente, y aterrorizaban a los demás de miedo: (31) así la ciudad oprimida por la servidumbre pagó graves penas por su necia alegría. (32) En nuestro recuerdo, Sila vencedor, cuando mandó que fueran degollados Damasipo y otros de este género, que habían crecido por el mal de la república, ¿quién no alababa su acción? Decían que aquellos hombres criminales y facciosos, que habían alterado la república con sus sediciones, habían sido matados merecidamente. (33) Pero este asunto fue el comienzo de una gran calamidad. Pues según cada uno había deseado la casa o la finca, por último el vaso o el vestido de alguien, se esforzaba para que éste estuviese en el número de los proscritos. (34) Así aquellos, para quienes la muerte de Damasipo había servido de alegría, poco después ellos mismos eran arrastrados; y no hubo final de matar antes de que Sila llenó a todos los suyos de riquezas. (35) Y yo mismo no temo estas cosas en Marco Tulio ni en estos tiempos, pero en una gran ciudad hay muchos y variados caracteres. (36) Puede en otro tiempo, con otro cónsul, que tenga igualmente un ejército en su mano, ser creído por verdadero algo falso: cuando con este ejemplo por medio de un decreto del senado el cónsul haya desenvainado su espada, ¿quién le establecerá límite o quién lo moderará?

(37) Nuestros mayores, padres conscriptos, nunca carecieron de prudencia ni de decisión y no les impedía la soberbia para que imitasen las instituciones ajenas, si realmente eran buenas. (38) Las armas defensivas y las armas militares de ataque las tomaron de los samnitas, muchas insignias de los magistrados de los etruscos. En resumen, lo que parecía idóneo en todas partes, entre los aliados o entre los enemigos, lo seguían en su país con sumo afán; preferían imitar las cosas buenas que envidiarlas. (39) Pero en aquel mismo tiempo, imitando la costumbre de Grecia, castigaban con azotes a los ciudadanos, aplicaban el sumo suplicio a los condenados. (40) Después que creció la república y se hicieron valer las bandas de ciudadanos por su multitud, y que empezaron a ser atacados los inocentes, y a hacerse otras cosas de este estilo, entonces se prepararon la ley Porcia y otras leyes, por las cuales leyes se permitió el exilio a los condenados. (41) Yo mismo considero esta causa principalmente grande, padres conscriptos, para que no tomemos una decisión nueva. (42) Ciertamente, hubo mayor valor y sabiduría en aquellos, que hicieron tan gran poder a partir de pequeñas fuerzas que en nosotros, que apenas retenemos estas cosas bien nacidas.

(43) ¿Me parece, pues, bien que éstos sean libertados y que se aumente el ejército de Catilina? De ninguna manera. Pero así pienso que se deben confiscar sus bienes, que han de tenerse en cárceles en municipios que pueden muchísimo en riquezas, para que nadie consulte al senado después sobre ellos ni lo trate con el pueblo; que quien vaya a obrar de otra manera, que el senado estime que él va a obrar contra la república y contra la salvación de todos”.


LII
(1) Postquam Caesar dicundi finem fecit, ceteri uerbo alius alii uarie adsentiebantur. At M. Porcius Cato rogatus sententiam huiuscemodi orationem habuit: (2) "Longe mihi alia mens est, patres conscripti, cum res atque pericula nostra considero et cum sententias nonnullorum ipse mecum reputo. (3) Illi mihi disseruisse uidentur de poena eorum qui patriae, parentibus, aris atque focis suis bellum parauere. Res autem monet cauere ab illis magis quam quid in illos statuamus consultare. (4) Nam cetera maleficia tum persequare, ubi facta sunt; hoc nisi prouideris ne accidat, ubi euenit, frustra iudicia implores: capta urbe nihil fit reliqui uictis. (5) Sed, per deos inmortales, uos ego appello, qui semper domos, uillas, signa, tabulas uestras pluris quam rem publicam fecistis: si ista cuiuscumque modi sunt quae amplexamini retinere, si uoluptatibus uestris otium praebere uultis, expergiscimini aliquando et capessite rem publicam. (6) Non agitur de uectigalibus neque de sociorum iniuriis: libertas et anima nostra in dubio est. (7) Saepenumero, patres conscripti, multa uerba in hoc ordine feci, saepe de luxuria atque auaritia nostrorum ciuium questus sum, multosque mortales ea causa aduersos habeo. (8) Qui mihi atque animo meo nullius umquam delicti gratiam fecissem, haud facile alterius lubidini malefacta condonabam. (9) Sed ea tametsi uos parui pendebatis, tamen res publica firma erat, opulentia neglegentiam tolerabat. (10) Nunc uero non id agitur, bonisne an malis moribus uiuamus, neque quantum aut quam magnificum imperium populi Romani sit, sed haec cuiuscumque modi uidentur, nostra an nobiscum una hostium futura sint. (11) Hic mihi quisquam mansuetudinem et misericordiam nominat? Iam pridem equidem nos uera uocabula rerum amisimus; quia bona aliena largiri liberalitas, malarum rerum audacia fortitudo uocatur, eo res publica in extremo sita est. (12) Sint sane, quoniam ita se mores habent, liberales ex sociorum fortunis, sint misericordes in furibus aerari; ne illi sanguinem nostrum largiantur et, dum paucis sceleratis parcunt, bonos omnes perditum eant. (13) Bene et composite C. Caesar paulo ante in hoc ordine de uita et morte disseruit, credo, falsa existimans ea quae de inferis memorantur, diuerso itinere malos a bonis loca taetra, inculta, foeda atque formidulosa habere. (14) Itaque censuit pecunias eorum publicandas, ipsos per municipia in custodiis habendos, uidelicet timens ne, si Romae sint, aut a popularibus coniurationis aut a multitudine conducta per uim eripiantur. (15) Quasi uero mali atque scelesti tantummodo in urbe et non per totam Italiam sint, aut non ibi plus possit audacia, ubi ad defendendum opes minores sunt. (16) Quare uanum equidem hoc consilium est, si periculum ex illis metuit; si in tanto omnium metu solus non timet, eo magis refert me mihi atque uobis timere. (17) Quare cum de P. Lentulo ceterisque statuetis, pro certo habetote uos simul de exercitu Catilinae et de omnibus coniurationis decernere. (18) Quanto uos attentius ea agetis, tanto illis animus infirmius erit; si paululum modo uos languere uiderint, iam omnes feroces aderunt. (19) Nolite existimare maiores nostros armis rem publicam ex parua magnam fecisse. (20) Si ita res esset, multo pulcherrimam eam nos haberemus, quippe sociorum atque ciuium, praeterea armorum atque equorum maior copia nobis quam illis est. (21) Sed alia fuere quae illos magnos fecere, quae nobis nulla sunt: domi industria, foris iustum imperium, animus in consulendo liber neque delicto neque lubidini obnoxius. (22) Pro his nos habemus luxuriam atque auaritiam, publice egestatem, priuatim opulentiam; laudamus diuitias, sequimur inertiam. Inter bonos et malos discrimen nullum, omnia uirtutis praemia ambitio possidet. (23) Neque mirum: ubi uos separatim sibi quisque consilium capitis, ubi domi uoluptatibus, hic pecuniae aut gratiae seruitis, eo fit ut impetus fiat in uacuam rem publicam. Sed ego haec omitto. (24) Coniurauere nobilissimi ciues patriam incendere, Gallorum gentem infestissimam nomini Romano ad bellum arcessunt; dux hostium cum exercitu supra caput est. (25) Vos cunctamini etiam nunc et dubitatis, quid intra moenia deprensis hostibus faciatis? (26) Misereamini, censeo -deliquere homines adulescentuli per ambitionem- atque etiam armatos dimittatis; (27) ne ista uobis mansuetudo et misericordia, si illi arma ceperint, in miseriam conuertat. (28) Scilicet res ipsa aspera est, sed uos non timetis eam. Immo uero maxime. Sed inertia et mollitia animi alius alium expectantes cunctamini, uidelicet dis inmortalibus confisi, qui hanc rem publicam saepe in maximis periculis seruauere. (29) Non uotis neque suppliciis mulieribus auxilia deorum parantur: uigilando, agendo, bene consulendo prospere omnia cedunt. Vbi socordiae te atque ignauiae tradideris, nequiquam deos implores; irati infestique sunt. (30) Apud maiores nostros A. Manlius Torquatus bello Gallico filium suum, quod is contra imperium in hostem pugnauerat necari iussit, (31) atque ille egregius adulescens immoderatae fortitudinis morte poenas dedit. (32) Vos de crudelissimis parricidis quid statuatis cunctamini? (33) Videlicet cetera uita eorum huic sceleri obstat. Verum parcite dignitati Lentuli, si ipse pudicitiae, si famae suae, si dis aut hominibus umquam ullis pepercit. Ignoscite Cethegi adulescentiae, nisi iterum patriae bellum fecit. (34) Nam quid ego de Gabinio, Statilio, Caepario loquar? Quibus si quidquam umquam pensi fuisset, non ea consilia de re publica habuissent. (35) Postremo, patres conscripti, si mehercule peccato locus esset, facile paterer uos ipsa re corrigi, quoniam uerba contemnitis. Sed undique circumuenti sumus: Catilina cum exercitu faucibus urget, alii intra moenia atque in sinu urbis sunt hostes, neque parari neque consuli quidquam potest occulte: quo magis properandum est. (36) Quare ego ita censeo: cum nefario consilio sceleratorum ciuium res publica in maxima pericula uenerit, eique indicio T. Volturci et legatorum Allobrogum conuicti confessique sint caedem, incendia aliaque se foeda atque crudelia facinora in ciues patriamque parauisse, de confessis sicuti de manifestis rerum capitalium more maiorum supplicium sumundum."
LII
(1) Después que César terminó de hablar, los demás con sus palabras asentían variadamente cada uno a una opinión. En cambio Marco Porcio Catón, preguntado por su parecer, tuvo un discurso de este tipo:

(2) “Muy distinto es mi pensamiento, padres conscriptos, cuando considero la situación y nuestros peligros y cuando repaso yo mismo conmigo las opiniones de algunos. (3) Me parece que ellos han hablado del castigo de aquellos que han preparado una guerra contra su patria, contra sus padres, contra sus altares y contra sus hogares. La situación, en cambio, aconseja precavernos de ellos que deliberar qué establezcamos contra ellos. (4) Pues perseguirás los otros crímenes entonces cuando se han cometido; si no has cuidado que no suceda esto, cuando ocurre, en vano implorarás juicios: tomada la ciudad, nada del resto queda para los vencidos. (5) Pero, por los dioses inmortales, yo os invoco a vosotros, que siempre habéis estimado más vuestras casas, vuestras fincas, vuestras estatuas, vuestros cuadros que la república: si esas cosas, que abrazáis, de cualquier tipo que sean, queréis retener, si proporcionar ocio para vuestros placeres, despertad algún día y haceos cargo de la república. (6) No se trata de impuestos ni de injurias a los aliados: nuestra libertad y nuestra alma está en duda.

(7) Repetidas veces, padres conscriptos, hice muchas palabras en este orden, a menudo me he quejado del lujo y de la avaricia de nuestros ciudadanos y, por esta causa, tengo como contrarios a muchos mortales. (8) Yo que nunca me hubiera hecho perdón de nada a mí mismo ni a mi propio espíritu, no fácilmente perdonaba a la pasión de otro sus malas acciones. (9) Pero, aunque vosotros valorabais en poco estas cosas, sin embargo, la república estaba firme, por su opulencia toleraba vuestra negligencia. (10) Pero ahora no se trata de esto, de si hemos de vivir con buenas o malas costumbres, ni de cuán grande o cuán magnífico es el imperio del pueblo romano, sino de si estas cosas, de cualquier modo que parecen, van a ser nuestras o, juntamente con nosotros, de nuestros enemigos. (11) Ahora ¿alguien me nombra la clemencia y la misericordia? Ya hace tiempo, realmente nosotros perdimos los verdaderos nombres de las cosas; porque dar copiosamente bienes ajenos se llama liberalidad, la audacia de las cosas malas fortaleza, por esto la república se situó en el límite. (12) Que sean pues, ya que así se tienen las costumbres, liberales a partir de las fortunas de los socios, que sean compasivos con los ladrones del erario; que no den copiosamente ellos nuestra sangre y, mientras perdonan a unos pocos criminales, vayan a perder a todos los buenos.

(13) Bien y ordenadamente ha hablado Cayo César poco antes en este orden sobre la vida y la muerte, estimando falsas, creo, las cosas que se recuerdan sobre los infiernos, que por distinto camino de los buenos los malos habitaban lugares tétricos, áridos, horrorosos y temibles. (14) Así pues, juzgó que sus bienes debían ser confiscados, que debían ser tenidos en cárceles por los municipios, sin duda temiendo que, si están en Roma, sean libertados por la fuerza o por los cómplices de la conjuración o por una muchedumbre tomada a sueldo. (15) Realmente como si malos y criminales solamente hubiese en la ciudad y no por toda Italia, o no pudiera más la audacia allí donde son menores los recursos para defender. (16) Por esto es vana ciertamente esta decisión, si teme peligro de parte de ellos; si en tan gran temor de todos él sólo no teme, tanto más eso me obliga a temer por mí y por vosotros. (17) Por esto cuando decidáis acerca de Publio Léntulo y los demás, tened por cierto que vosotros al mismo tiempo decidís acerca del ejército de Catilina y acerca de todos los de la conjuración. (18) Cuanto más atentamente hagáis estas cosas vosotros, tanto más inseguro tendrán ellos su espíritu; si ahora os viesen languidecer un poquito, ya todos se presentarán impetuosos.

(19) No estiméis que nuestros mayores con las armas de pequeña han hecho grande la república. (20) Si la cosa fuera así, la tendríamos con mucho la más hermosa, porque nosotros tenemos mayor abundancia que ellos de aliados y ciudadanos, de armas y caballos, además. (21) Pero otras fueron las cosas que los hicieron grandes, de las que nosotros no tenemos ninguna: en casa trabajo, fuera un poder justo, el espíritu libre al deliberar y no sometido ni al delito ni a la pasión. (22) En lugar de estas, nosotros tenemos lujo y avaricia, públicamente necesidad, privadamente opulencia; loamos las riquezas, seguimos la inercia. Entre buenos y malos ninguna distinción, todos los premios de la virtud posee la ambición. (23) Y no es extraño: cuando vosotros tomáis una decisión cada uno para sí por separado, cuando en casa servís a los placeres, aquí al dinero o al favor, con esto sucede que se ataca contra una república vacía. Pero yo dejo estas cosas.

(24) Maquinaron nobilísimos ciudadanos incendiar su patria, llaman a la guerra a un pueblo de galos hostilísimo al nombre romano; el jefe de estos enemigos está con su ejército sobre nuestra cabeza. (25) ¿Vosotros, incluso ahora, titubeáis y dudáis qué haréis con enemigos cogidos dentro de las murallas? (26) Opino que debéis tener compasión -han delinquido muchachillos por ambición - y soltarlos incluso armados; (27) pero que esa benevolencia y misericordia no se os convierta en desgracia, si ellos cogen las armas. (28) Evidentemente la cosa misma es penosa, pero vosotros no la teméis. Sí, muchísimo. Pero por la inercia y debilidad de vuestro espíritu titubeáis esperando uno a otro, evidentemente confiados en los dioses inmortales, que a menudo en los mayores peligros han guardado esta república. (29) No se procuran las ayudas de los dioses con votos ni con súplicas mujeriles: vigilando, actuando, deliberando bien todas las cosas marchan prósperamente. Cuando te has entregado a la apatía y a la desidia, en vano implorarás a los dioses; están airados y hostiles. (30) Entre nuestros mayores Aulo Manlio Torcuato, en la guerra de la Galia mandó que su propio hijo fuese matado, porque éste había luchado con el enemigo contra la orden, (31) y aquel egregio adolescente pagó el castigo de su inmoderada fortaleza con la muerte. (32) ¿Vosotros dudáis qué decidiréis de crudelísimos parricidas? (33) ¡Evidentemente el resto de su vida borra este crimen! Verdaderamente perdonad a la dignidad de Léntulo, si él mismo perdonó alguna vez al pudor, si a su propia fama, si a dioses u hombres algunos. Perdonad a la juventud de Cetego, si no hizo otra vez guerra a su patria. (34) Pues ¿qué diré yo de Gabinio, de Estatilio, de Cepario? Si estos hubieran tenido algún pensamiento alguna vez, no habrían tenido estos planes acerca de la república. (35) En fin, padres conscriptos, si, por Hércules, hubiese lugar para error, fácilmente soportaría que vosotros fuerais corregidos por el propio hecho, puesto que despreciáis las palabras. Pero hemos sido rodeados por todas partes: Catilina con su ejército oprime nuestras gargantas, otros enemigos están dentro de las murallas y en el centro de la ciudad, y nada puede prepararse ni deliberarse ocultamente: por esto hay que apresurarse más.

(36) Por lo cual yo juzgo así: como la república, por el nefasto plan de unos ciudadanos criminales, ha llegado a los máximos peligros, y éstos por la delación de Tito Volturcio y de los legados de los alóbroges están convictos y confesos de que ellos han preparado una matanza, incendios y otros horrorosos y crueles crímenes contra los ciudadanos y la patria, se ha de aplicar la pena de muerte a los confesos como a los descubiertos en cosas capitales, según la costumbre de nuestros mayores.”


LIII
(1) Postquam Cato adsedit, consulares omnes itemque senatus magna pars sententiam eius laudant, uirtutem animi ad caelum ferunt, alii alios increpantes timidos uocant; Cato clarus atque magnus habetur. Senati decretum fit sicuti ille censuerat. (2) Sed mihi multa legenti, multa audienti quae populus Romanus domi militiaeque mari atque terra praeclara facinora fecit, forte lubuit adtendere quae res maxime tanta negotia sustinuisset. (3) Sciebam saepenumero parua manu cum magnis legionibus hostium contendisse. Cognoueram paruis copiis bella gesta cum opulentis regibus, ad hoc saepe fortunae uiolentiam tolerauisse, facundia Graecos, gloria belli Gallos ante Romanos fuisse. (4) Ac mihi multa agitanti constabat paucorum ciuium egregiam uirtutem cuncta patrauisse eoque factum uti diuitias paupertas, multitudinem paucitas superaret. (5) Sed postquam luxu atque desidia ciuitas corrupta est, rursus res publica magnitudine sua imperatorum atque magistratuum uitia sustentabat ac, sicuti effeta parentum ui, multis tempestatibus haud sane quisquam Romae uirtute magnus fuit. (6) Sed memoria mea ingenti uirtute diuersis moribus fuere uiri duo M. Cato et C. Caesar: quos quoniam res obtulerat, silentio praeterire non fuit consilium, quin utriusque naturam et mores quantum ingenio possem aperirem.
LIII
(1) Después que Catón estuvo sentado, todos los consulares e, igualmente, una gran parte del senado alaban su opinión, lleva al cielo el valor de su espíritu, acusándose unos a otros se llaman tímidos. Catón es tenido como ilustre y grande. Se hace un decreto del senado como él había juzgado. (2) Pero a mí que he leído muchas cosas y que he oído muchas preclaras acciones que en paz y en guerra, por tierra y por mar, hizo el pueblo romano, por casualidad me agradó prestar atención a qué cosa fundamentalmente había sostenido tan grandes asuntos. (3) Sabía que a menudo con una pequeña tropa había luchado con grandes legiones de enemigos. Había conocido que con pequeños recursos se habían hecho guerras con reyes opulentos; además que frecuentemente había aguantado la violencia de la fortuna, que los griegos estaban delante de los romanos en elocuencia, los galos en la gloria de la guerra. (4) Y a mí, que daba vueltas a muchas cosas, me constaba que el egregio valor de unos pocos ciudadanos había realizado todas las cosas y por esto se hizo que la pobreza superaba a las riquezas, la escasez a la multitud. (5) Pero después que con el lujo y la desidia se corrompió la ciudad, de nuevo la república sustentaba con su propia grandeza los vicios de generales y de magistrados y, como agotada la energía de sus padres, durante mucho tiempo realmente nadie hubo grande en Roma por su valor. (6) Pero en mi recuerdo, hubo dos hombres de ingente valor con diferentes costumbres, Marco Catón y Cayo César: ya que el asunto los había presentado, decidí no pasarlos en silencio , sin aclarar cuanto pudiese con mi ingenio, la naturaleza y las costumbres de uno y otro.


LIV
(1) Igitur eis genus, aetas, eloquentia prope aequalia fuere, magnitudo animi par, item gloria, sed alia alii. (2) Caesar beneficiis ac munificentia magnus habebatur, integritate uitae Cato. Ille mansuetudine et misericordia clarus factus, huic seueritas dignitatem addiderat. (3) Caesar dando, subleuando, ignoscendo, Cato nihil largiundo gloriam adeptus est. In altero miseris perfugium erat, in altero malis pernicies; illius facilitas, huius constantia laudabatur. (4) Postremo Caesar in animum induxerat laborare, uigilare, negotiis amicorum intentus sua neglegere, nihil denegare quod dono dignum esset; sibi magnum imperium, exercitum, bellum nouum exoptabat, ubi uirtus enitescere posset. (5) At Catoni studium modestiae, decoris, sed maxime seueritatis erat. (6) Non diuitiis cum diuite neque factione cum factioso sed cum strenuo uirtute, cum modesto pudore, cum innocente abstinentia certabat, esse quam uideri bonus malebat; ita, quo minus petebat gloriam, eo magis illum sequebatur.
LIV
(1) Así pues, tuvieron linaje, edad, elocuencia casi iguales, su grandeza de espíritu semejante, igualmente su gloria, pero cada uno distinta. (2) César era tenido como grande por sus beneficios y por su munificencia, por su integridad de vida Catón. Aquél se había hecho preclaro por su benevolencia y misericordia, a éste su severidad le había añadido dignidad. (3) César alcanzó la gloria dando, levantando, perdonando, Catón no dilapidando nada. En uno había refugio para los desgraciados, en el otro destrucción para los malvados; de aquél se loaba la afabilidad, de éste la constancia. (4) En resumen, César se había propuesto trabajar, vigilar, descuidar sus cosas ocupado en los asuntos de sus amigos, no negar nada que fuese digno de donación; deseaba para sí un gran poder, un ejército, una guerra nueva, donde pudiera brillar su valor. (5) En cambio Catón tenía afán de modestia, del decoro y especialmente de austeridad. (6) No luchaba en riquezas con el rico ni en intrigas con los intrigantes, sino con el valiente en valor, con el modesto en pudor, con el honrado en integridad, prefería ser bueno que parecerlo; así, cuanto menos buscaba la gloria, tanto más lo seguía.


LV
(1) Postquam, ut dixi, senatus in Catonis sententiam discessit, consul optimum factu ratus noctem quae instabat antecapere, ne quid eo spatio nouaretur, triumuiros quae ad supplicium postulabantur parare iubet. (2) Ipse praesidiis dispositis Lentulum in carcerem deducit; idem fit ceteris per praetores. (3) Est in carcere locus quod Tullianum appellatur, ubi paululum ascenderis ad laeuam, circiter duodecim pedes humi depressus. (4) Eum muniunt undique parietes atque insuper camera lapideis fornicibus iuncta; sed incultu, tenebris, odore foeda atque terribilis eius facies est. (5) In eum locum postquam demissus est Lentulus, uindices rerum capitalium, quibus praeceptum erat, laqueo gulam fregere. (6) Ita ille patricius ex gente clarissima Corneliorum, qui consulare imperium Romae habuerat, dignum moribus factisque suis exitium uitae inuenit. De Cethego, Statilio, Gabinio, Caepario eodem modo supplicium sumptum est.
LV
(1) Después que, como dije, el senado adoptó la opinión de Catón, el cónsul, pensando que sería lo mejor de hacer adelantarse a la noche que estaba cerca, para que no se cambiara algo en ese tiempo, manda que los triunviros preparen las cosas que se pedían para la ejecución. (2) Él mismo, dispuestas guardias, conduce a Léntulo a la cárcel; lo mismo se hace por medio de los pretores con los demás. (3) Hay en la cárcel un lugar que se llama Tullianum, cuando has subido un poco a la izquierda, hundido alrededor de doce pies en la tierra. (4) Lo protegen por todos lados paredes y por encima una bóveda ensamblada con arcos de piedra; pero por el abandono, la oscuridad, el olor su aspecto es repugnante y terrible. (5) A este lugar, después que fue bajado Léntulo, los ejecutores de las penas capitales, a los que se había ordenado, le rompieron la garganta con un lazo. (6) Así, aquel patricio de la ilustrísima familia de los Cornelios, que había tenido en Roma el poder consular, encontró un final de vida digno de sus costumbres y de sus hechos. De Cetego, Estatilio, Gabinio, Cepario del mismo modo se tomó el castigo.


LVI
(1) Dum ea Romae geruntur, Catilina ex omni copia, quam et ipse adduxerat et Manlius habuerat, duas legiones instituit, cohortes pro numero militum complet. (2) Deinde, ut quisque uoluntaribus aut ex sociis in castra uenerat, aequaliter distribuerat ac breui spatio legiones numero hominum expleuerat, cum initio non amplius duobus milibus habuisset. (3) Sed ex omni copia circiter pars quarta erat militaribus armis instructa; ceteri, ut quemque casus armauerat, sparos aut lanceas, alii praeacutas sudes portabant. .(4) Sed postquam Antonius cum exercitu aduentabat, Catilina per montes iter facere; modo ad urbem, modo Galliam uersus castra mouere, hostibus occasionem pugnandi non dare: sperabat propediem magnas copias sese habiturum, si Romae socii incepta patrauissent. (5) Interea seruitia repudiabat, cuius initio ad eum magnae copiae concurrebant, opibus coniurationis fretus, simul alienum suis rationibus existimans uideri causam ciuium cum seruis fugitiuis communicauisse.
LVI
(1) Mientras se hacen estas cosas en Roma, Catilina de toda la tropa, que él mismo había llevado y Manlio había tenido, prepara dos legiones, completa las cohortes según el número de sus soldados. (2) Después, según cada uno había llegado al campamento como voluntario o de los aliados, los distribuía proporcionalmente y así en breve tiempo había completado las legiones en número de hombres, no habiendo tenido al principio más de dos mil. (3) Pero de toda la tropa aproximadamente una cuarta parte había sido equipada con armas militares; los demás, según la casualidad había armado a cada uno, unos llevaban dardos o lanzas, otros estacas puntiagudas. (4) Pero después que Antonio se estaba acercando con su ejército, Catilina marchaba por los montes, trasladaba su campamento ya hacia la ciudad, ya hacia la Galia, no daba a los enemigos ocasión de luchar: esperaba que de un día a otro él tendría grandes tropas, si en Roma sus aliados habían llevado a cabo sus proyectos. (5) Entre tanto rechazaba los esclavos, de los que al principio acudían a él grandes cantidades, confiado en los recursos de la conjuración, estimando al mismo tiempo que parecía ajeno a sus intereses haber compartido la causa de los ciudadanos con esclavos fugitivos.


LVII
(1) Sed postquam in castra nuntius peruenit Romae coniurationem patefactam, de Lentulo et Cethego ceterisque quos supra memoraui supplicium sumptum, plerique, quos ad bellum spes rapinarum aut nouarum rerum studium inlexerat, dilabuntur; reliquos Catilina per montes asperos magnis itineribus in agrum Pistoriensem abducit eo consilio, uti per tramites occulte perfugeret in Galliam Transalpinam. (2) At Q. Metellus Celer cum tribus legionibus in agro Piceno praesidebat, ex difficultate rerum eadem illa existimans, quae supra diximus, Catilinam agitare. (3) Igitur ubi iter eius ex perfugis cognouit, castra propere mouit ac sub ipsis radicibus montium consedit, qua illi descensus erat in Galliam properanti. (4) Neque tamen Antonius procul aberat, utpote qui, magno exercitu locis aequioribus expeditus, in fuga sequeretur. (5) Sed Catilina postquam uidet montibus atque copiis hostium sese clausum, in urbe res aduersas, neque fugae neque praesidi ullam spem, optimum factu ratus in tali re fortunam belli temptare, statuit cum Antonio quam primum confligere. (6) Itaque contione aduocata huiuscemodi orationem habuit:
LVII
(1) Pero después que llegó al campamento un mensajero diciendo que en Roma había sido descubierta la conjuración, que se había sometido a castigo a Léntulo y Cetego y a los otros que he recordado más arriba, muchos, que había atraído a la guerra la esperanza de rapiñas o el deseo de cosas nuevas, desaparecen; a los restantes Catilina los conduce por montañas abruptas a marchas forzadas al campo de Pistoria con este plan, que huyera ocultamente por veredas a la Galia Transalpina.

(2) Pero Quinto Metelo Céler con tres legiones velaba por la seguridad en el campo Piceno, estimando a partir de la dificultad de las cosas que Catilina haría aquellas misma cosas, que arriba dijimos. (3) Así pues, cuando por los huidos conoció su itinerario, levantó rápidamente el campamento y se estableció a los mismos pies de los montes, por donde aquél, que se dirigía hacia la Galia, tenía el descenso. (4) Y, sin embargo, no estaba lejos Antonio, puesto que, expedito con un gran ejército por lugares más llanos, lo seguía en la huida. (5) Pero Catilina después que ve que él ha sido encerrado por montes y tropas de los enemigos, que en la ciudad las cosas son adversas, que no hay ninguna esperanza ni de huida ni de defensa, pensando que lo mejor de ser hecho en situación de tal clase es tentar la fortuna de la guerra, decide trabar combate con Antonio cuanto antes. (6) Así pues, convocada la asamblea, tuvo un discurso de este modo:


LVIII
(1) "Compertum ego habeo, milites, uerba uirtutem non addere, neque ex ignauo strenuum neque fortem ex timido exercitum oratione imperatoris fieri. (2) Quanta cuiusque animo audacia natura aut moribus inest, tanta in bello patere solet. Quem neque gloria neque pericula excitant, nequiquam hortere: timor animi auribus officit. (3) Sed ego uos, quo pauca monerem, aduocaui, simul uti causam mei consili aperirem. (4) Scitis equidem, milites, socordia atque ignauia Lentuli quantam ipsi nobisque cladem attulerit quoque modo, dum ex urbe praesidia opperior in Galliam proficisci nequiuerim. (5) Nunc uero quo loco res nostrae sint, iuxta mecum omnes intellegitis. (6) Exercitus hostium duo, unus ab urbe, alter a Gallia obstant. Diutius in his locis esse si maxime animus ferat, frumenti atque aliarum rerum egestas prohibet. (7) Quocumque ire placet, ferro iter aperiundum est. (8) Quapropter uos moneo uti forti atque parato animo sitis et, cum proelio inibitis, memineritis uos diuitias, decus, gloriam, praeterea libertatem atque patriam in dextris uestris portare. (9) Si uincimus, omnia nobis tuta erunt, commeatus abunde, municipia atque coloniae patebunt; (10) si metu cesserimus, eadem illa aduersa fient, neque locus neque amicus quisquam teget quem arma non texerint. (11) Praeterea, milites, non eadem nobis et illis necessitudo impendet: nos pro patria, pro libertate, pro uita certamus, illis superuacaneum est pro potentia paucorum pugnare. (12) Quo audacius aggredimini memores pristinae uirtutis. (13) Licuit uobis cum summa turpidine in exilio aetatem agere, potuistis nonnulli Romae amissis bonis aliena opes expectare; (14) quia illa foeda atque intoleranda uiris uidebantur, haec sequi decreuistis. (15) Si haec relinquere uultis, audacia opus est: nemo nisi uictor pace bellum mutauit. (16) Nam in fuga salutem sperare, cum arma, quibus corpus tegitur, ab hostibus auerteris, ea uero dementia est. (17) Semper in proelio eis maximum est periculum qui maxime timent; audacia pro muro habetur. (18) Cum uos considero, milites, et cum facta uestra aestimo magna me spes uictoriae tenet. (19) Animus, aetas, uirtus uestra me hortantur, praeterea necessitudo, quae etiam timidos fortes facit. (20) Nam multitudo hostium ne circumuenire queat, prohibent angustiae loci. (21) Quodsi uirtuti uestrae fortuna inuiderit, cauete inulti animam amittatis, neu capti potius sicuti pecora trucidemini quam uirorum more pugnantes cruentam atque luctuosam uictoriam hostibus relinquatis."
LVIII
(1) “Comprobado yo tengo, soldados, que las palabras no añaden valor y que con un discurso del general no se hace un ejército de indolente esforzado ni fuerte de temeroso. (2) Cuanta audacia por naturaleza o por costumbres tiene el espíritu de cada uno, tanta suele hacerse patente en la guerra. A quien no excitan ni la gloria ni los peligros, en vano exhortarías: el temor de espíritu tapona oídos. (3) Pero yo os llamé para aconsejaros unas pocas cosas, al mismo tiempo para poner al descubierto la causa de mi decisión. (4) Sabéis ciertamente, soldados, cuánta destrucción ha traído para él mismo y para nosotros la indolencia y la cobardía de Léntulo y de qué modo, mientras espero refuerzos de la ciudad, no he podido pasar a la Galia. (5) Ahora verdaderamente en qué lugar están nuestras cosas, todos juntamente conmigo comprendéis. (6) Dos ejércitos de enemigos nos cierran el paso, uno de la ciudad, otro de la Galia. Estar más tiempo en estos lugares, aunque el espíritu lo desea muchísimo, nos lo prohibe la escasez de trigo y de otras cosas. (7) Adonde quiera que nos plazca ir, se ha de abrir camino con el hierro. (8) Por lo cual os aconsejo que seáis de espíritu fuerte y preparado y, cuando entréis en el combate, que recordéis que vosotros lleváis en vuestras diestras las riquezas, el honor, la gloria, además la libertad y la patria. (9) Si vencemos, tendremos todas las cosas seguras, víveres en abundancia, nos estarán abiertos municipios y colonias; (10) si cediésemos por miedo, aquellas mismas cosas se harán adversas, y ni lugar ni amigo alguno protegerá a quien no hayan protegido las armas. (11) Además, soldados, no se cierne sobre nosotros y sobre ellos la misma necesidad: nosotros luchamos por la patria, por la libertad, por la vida, para ellos es excesivo luchar por el poder de unos pocos. (12) Por esto atacad más audazmente acordándoos de vuestro antiguo valor. (13) Os estuvo permitido pasar la vida en el exilio con suma ignominia, pudisteis algunos esperar en Roma, perdidos los bienes, las ayudas ajenas; (14) porque aquellas cosas os parecían horrorosas e intolerables para hombres, decidisteis seguir éstas. (15) Si queréis dejarlas, se necesita audacia: nadie, a no ser el vencedor, ha cambiado la guerra por la paz. (16) Pues esperar la salvación en la huida, cuando has desviado las armas, con las que se cubre el cuerpo, de los enemigos, esto, verdaderamente, es demencia. (17) Siempre en el combate tienen peligro máximo quienes temen máximamente; la audacia se considera como un muro. (18) Cuando os contemplo, soldados, y cuando valoro vuestros hechos, me posee una gran esperanza de victoria. (19) El espíritu, la edad, el valor vuestro me exhortan, además la necesidad, que incluso a los temerosos hace fuertes. (20) Pues que una multitud de enemigos pueda rodearnos, lo impide la estrechez del lugar. (21) Y si la fortuna envidia vuestro valor, guardaos de perder el alma sin venganza; o, capturados, de ser asesinados como ganados antes de que, luchando a modo de hombres, dejéis a los enemigos una victoria sangrienta y luctuosa.”


LIX
(1) Haec ubi dicit, paululum commoratus signa canere iubet atque instructos ordines in locum aequum deducit. Dein remotis omnium equis, quo militibus exaequato periculo animus amplior esset, ipse pedes exercitum pro loco atque copiis instruit. (2) Nam uti planities erat inter sinistros montes et ab dextera rupem asperam, octo cohortes in fronte constituit, reliquarum signa in subsidio artius conlocat. (3) Ab eis centuriones omnes, lectos et euocatos, praeterea ex gregariis militibus optimum quemque armatum in primam aciem subducit. C. Manlium in dextra, Faesulanum quemdam in sinistra parte curare iubet. Ipse cum libertis et calonibus propter aquilam adsistit, quam bello Cimbrico C. Marius in exercitu habuisse dicebatur. (4) At ex altera parte C. Antonius, pedibus aeger, quod proelio adesse nequibat, M. Petreio legato exercitum permittit. (5) Ille cohortes ueteranas, quas tumulti causa conscripserat, in fronte, post eas ceterum exercitum in subsidiis locat. Ipse, equo circumiens, unumquemque nominans appellat, hortatur, rogat ut meminerint se contra latrones inermes pro patria, pro liberis, pro aris atque focis suis certare. (6) Homo militaris, quod amplius annos triginta tribunus aut praefectus aut legatus aut praetor cum magna gloria in exercitu fuerat, plerosque ipsos factaque eorum fortia nouerat: ea commemorando militum animos accendebat.
LIX
(1) Cuando dice estas cosas, habiéndose detenido un poco, manda que suenen las señales y lleva las filas ordenadas a un lugar llano. Luego, apartados los caballos de todos, para que los soldados tuviesen un espíritu más grande, igualado el peligro, él mismo, como soldado de infantería, despliega el ejército según el lugar y las fuerzas. (2) Pues como había una llanura entre unos montes a la izquierda y una roca escarpada por la derecha, establece en el frente ocho cohortes, coloca las insignias de las demás más apretadamente en línea de reserva. (3) De éstas hace subir a la primera línea a todos los centuriones, selectos y reenganchados, además a todos los mejor armados de los soldados rasos. Ordena que Cayo Manlio mande en el ala derecha, un fesulano en la izquierda. Él mismo con libertos y bagajeros se coloca junto al águila, que se decía que había tenido Cayo Mario en su ejército durante la guerra címbrica. (4) Pero desde la otra parte, Cayo Antonio, enfermo de los pies, porque no podía estar presente en el combate, entrega el ejército al legado Marco Petreyo. (5) Aquél coloca en el frente a las cohortes veteranas que había reclutado a causa de la revuelta, detrás de estas el restante ejército en líneas de reserva. Él mismo, dando vueltas alrededor con el caballo, llama a cada uno dándole su nombre, los exhorta, les pide que recuerden que ellos luchan contra ladrones desarmados por su patria, por sus hijos, por sus altares y sus hogares. (6) Hombre militar, porque durante más de treinta años había sido en el ejército con gran gloria tribuno o prefecto o legado o pretor, había conocido a muchos de ellos mismos y sus valientes hechos: recordándoselos, encendía el espíritu de los soldados.


LX
(1) Sed ubi, omnibus rebus exploratis, Petreius tuba signum dat, cohortes paulatim incedere iubet. Idem facit hostium exercitus. (2) Postquam eo uentum est unde a ferentariis proelium committi posset, maximo clamore cum infestis signis concurrunt: pila omittunt, gladiis res geritur. (3) Veterani pristinae uirtutis memores comminus acriter instare, illi haud timidi resistunt: maxima ui certatur. (4) Interea Catilina cum expeditis in prima acie uersari, laborantibus succurrere, integros pro sauciis arcessere, omnia prouidere, multum ipse pugnare, saepe hostes ferire: strenui militis et boni imperatoris officia simul exequebatur. (5) Petreius, ubi uidet Catilinam contra ac ratus erat magna ui tendere, cohortem praetoriam in medios hostes inducit eosque perturbatos atque alios alibi resistentes interficit. Deinde utrimque ex lateribus ceteros aggreditur. (6) Manlius et Faesulanus in primis pugnantes cadunt. (7) Catilina postquam fusas copias seque cum paucis relictum uidet, memor generis atque pristinae suae dignitatis in confertissimos hostes incurrit ibique pugnans confoditur.
LX
(1) Pero cuando, examinadas todas las cosas, Petreyo da la señal con la trompeta, manda que las cohortes avancen poco a poco. Lo mismo hace el ejército de los enemigos. (2) Después que se llegó allí desde donde el combate pudiera ser entablado por los honderos, atacan con el máximo clamor con los estandartes desplegados: dejan las lanzas, la cosa se lleva con espadas. (3) Los veteranos acordándose de su antiguo valor luchaban duramente cuerpo a cuerpo, ellos resisten no temerosos: se lucha con la máxima fuerza. (4) Entre tanto Catilina con tropas ligeras daba vueltas en primera línea, socorría a los que estaba esforzándose, hacía venir soldados intactos por los heridos, cuidaba de todas las cosas, mucho él mismo luchaba, a menudo hería a enemigos: al mismo tiempo ejercía los oficios de valiente soldado y buen general. (5) Petreyo, cuando ve que Catilina, contra lo que había pensado, resiste con gran fuerza, conduce la cohorte pretoria al medio de los enemigos y mata a estos, desbaratados, y a otros que resistían en otra parte. Luego por uno y otro lado desde los flancos ataca a los restantes. (6) Manlio y el fesulano caen luchando entre los primeros. (7) Catilina después que ve que sus tropas se han diseminado y que él se ha quedado con unos pocos, acordándose de su linaje y. de su antigua dignidad se precipita a donde los enemigos eran más numerosos y allí es traspasado luchando.


LXI
(1) Sed, confecto proelio, tum uero cerneres quanta audacia quantaque animi uis fuisset in exercitu Catilinae. (2) Nam fere quem quisque uiuus pugnando locum ceperat, eum amissa anima corpore tegebat. (3) Pauci autem, quos medios cohors praetoria disiecerat, paulo diuersius sed omnes tamen aduersis uulneribus conciderant. (4) Catilina uero longe a suis inter hostium cadauera repertus est, paululum etiam spirans ferociamque animi, quam habuerat uiuus, in uultu retinens. (5) Postremo ex omni copia neque in proelio neque in fuga quisquam ciuis ingenuus captus est; (6) ita cuncti suae hostiumque uitae iuxta pepercerant. (7) Neque tamen exercitus populi Romani laetam aut incruentam uictoriam adeptus erat. Nam strenuissimus quisque aut occiderat in proelio aut grauiter uulneratus discesserat. (8) Multi autem, qui e castris uisendi aut spoliandi gratia processerant, uoluentes hostilia cadauera amicum alii, pars hospitem aut cognatum reperiebant; fuere item qui inimicos suos cognoscerent.(9) Ita uarie per omnem exercitum laetitia, maeror, luctus atque gaudia agitabantur.


LXI
(1) Pero, terminado el combate, entonces verdaderamente podrías ver cuánta audacia y cuánta fuerza de espíritu había habido en el ejército de Catilina. (2) Pues cada una casi cubría con su cuerpo, perdida el alma, aquél lugar que vivo había cogido luchando. (3) En cambio, unos pocos, que la cohorte pretoria había deshecho por medio, habían caído un poco más separadamente, pero todos sin embargo con heridas de frente. (4) Catilina, por cierto, fue encontrado lejos de los suyos entre los cadáveres de sus enemigos, aún respirando un poco y reteniendo en su rostro la fiereza de espíritu que había tenido de vivo. (5) En resumen, de toda la tropa no fue capturado ni en el combate ni en la huida ningún ciudadano libre; (6) así, todos habían perdonado por igual su propia vida y la de sus enemigos. (7) Y sin embargo el ejército del pueblo romano no había alcanzado una victoria alegre o incruenta. Pues todos los más valientes o habían caído en el combate o habían salido gravemente heridos. (8) Y muchos que habían avanzado desde el campamento para ver o para hacer despojos, volviendo los cadáveres enemigos, unos encontraban un amigo, parte un huésped o un pariente; hubo igualmente quienes reconocieran a sus propios enemigos. (9) Así por todo el ejército se removían variadamente la alegría, la tristeza, el luto y las alegrías.


DE CONIURATIONE CATILINAE